Patricia Severín: “Sandor Marai tiene personajes femeninos increíbles” Entrevistada por Rolando Revagliatti

martes, julio 25, 2017

Patricia Severín: “Sandor Marai tiene personajes femeninos increíbles” Entrevistada por Rolando Revagliatti

Patricia Severín nació el 10 de agosto de 1955, en la ciudad de Rafaela, provincia de Santa Fe, Argentina, y reside en Santa Fe, capital de la provincia. Es Profesora de Castellano, Literatura y Latín, egresada del Instituto Ángel Cárcano de la localidad de Reconquista, y ha obtenido un postgrado en Sicología Gestáltica en la Asociación Gestáltica de Buenos Aires. Participó en simposios nacionales y de Paraguay, Chile y Perú con trabajos de ensayo y crítica literaria. Poemas y narrativa breve de su autoría han sido incorporados a numerosas antologías de su país y del extranjero. Publicó los volúmenes de cuentos “Las líneas de la mano” (Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores 1998) y “Sólo un amor”(Premio Único Publicación ASDE 1999); la novela “:salir de cacería” (2013); los poemarios “La loca de ausencia” (Faja de Honor de la SADE 1992), “Amor en mano y cien hombres volando” (en colaboración con Adriana Díaz Crosta y Graciela Geller), “Poemas con bichos” (Premio Fondo Nacional de las Artes 2001 y Premio Municipalidad de Buenos Aires por obra édita, bienio 2002-2003; dos ediciones), “Libro de las certezas” (Mención Especial del Jurado Premio Macedonio Fernández 2008), “El universo de la mentira” y “Abuela y la niña”. Entre otros, recibió el Primer Premio en cuento en el Concurso Nacional Alicia Moreau de Justo, el Primer Premio en cuento “Las Tierras Planas”, Premio Publicación Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Santa Fe. 

1 — Agosto del ‘55…

          PS — Nací en el mes que comienza con la caña con ruda y termina con la tormenta de Santa Rosa; mes frío y ventoso, aquí en Santa Fe, y sobre todo en el campo. El año fue el de la revolución que se dijo “libertadora”. Quizá estos sucesos marcaron mi vida; tanto alboroto dio como resultado que mis días siempre fueran dispersos: campo ciudad, ciudad campo, de aquí para allá enlazando escritura, trabajo, casas, viajes, amigas de las buenas, tres hijas mujeres, un varón, y una constancia a toda prueba haciendo de éste, mi pedacito de mundo, el paraíso que siempre anhelé.

          Escribo todo y a pesar de todo, desde mis lugares ocultos, desde la furia y el abismo, la garra y el desamparo. Me gusta conjurar palabras y usar las del amor (las que mejor me suenan), pero también invoco a las perversas, las gastadas, las superfluas, las bastardas. A lo largo del camino aprendí a callar y evito que me roce el miedo. Vivo y viví siempre en la llanura, con calor, río y distancia. Girando en mi provincia entre campo monte mosquitos y ciudades. Y por mucho tiempo, mi trabajo, fue el de productora agropecuaria: cría de ganado en el noroeste de la provincia.


2 — Rafaela. Pormenoricemos sobre las dispersiones de aquella y de esta Patricia, siempre residiendo en su provincia.

          PS — Nací en Rafaela, ciudad gringa, colonia de piamonteses. Me fui de ella a los dieciocho a estudiar a la capital de la provincia, pero en vez de estudiar me casé y tuve cuatro hijos. Mi padre murió no bien yo me fui a estudiar, y creo que una rebeldía me tomó por dentro e hizo que cambiara el rumbo casándome tan joven. A los pocos años murió mi hermana y otra vez se modificó mi camino: me fui a vivir a Reconquista, cerca de mi madre. Después vino la separación, a los veintiocho, quedarme con mis cuatro hijos, todos chiquitos, trabajar en el campo (Huanqueros) y paralelamente estudiar Letras. Es por ello que el ir y venir siempre fue una constante. Comencé a escribir desde niña pero recién en ese momento —después de la separación y con la carrera de Letras— me sistematicé. Por ese entonces (1983), María Angélica Scotti y su marido, Walter Operto, vivían en Reconquista, en ese exilio interior en el cual migraron algunas familias en el tiempo de la dictadura. Con ella me inicié en los talleres literarios y, junto a la carrera de Letras, me ordené en las lecturas. Nunca más deje de escribir. Y algunos premios importantes, como el de Alicia Moreau de Justo, me confirmaron definitivamente el rumbo de mi destino.

          Desde hace casi diez años vivo en Santa Fe capital. Como soy reincidente, volví a casarme y rearmé mi vida en este lugar. Amo deambular y por ello, con mi marido, compramos una casita en las sierras para seguir yendo y viniendo.


3 — Editorial Palabrava, por un lado, y Lectobus Alas de Papel, por otro, te tienen desde hace unos años “al frente”.

          PS — Editorial PALABRAVA surge ante la necesidad de modificar los términos autor-editor-distribución-libreros. Junto a Alicia Barberis y Graciela Prieto Rey, una calurosa siesta del enero santafesino, nos juntamos a delinear un proyecto diferente. Nos dimos cuenta de que lo que queríamos para nosotras (derechos de autor justos, por ejemplo, y visibilizar nuestros libros) lo podíamos extender hacia los demás escritores y escritoras de la provincia. Hablamos con diario “El Litoral”, empresas, organismos e instituciones, y así nació el primer proyecto de narrativa que distribuimos con el diario: “Las cuatro estaciones de la palabra”, a muy bajo costo para que todos pudiesen adquirirlos. Allí publicamos nuestros libros y también los de Enrique Butti, Carlos Morán, Sara Zapata, Alfredo Di Bernardo y Ángel Balzarino. Paralelamente editamos una colección de poesía, “Anamnesis”, dos libros infantiles en una colección que se llama PALABRUJULA, y coeditamos otros con la Universidad Nacional del Litoral. Este año comenzamos un nuevo proyecto: DOS RÍOS, en una salida anual de dos libros juntos; una autora de amplia y reconocida trayectoria, Angélica Gorodischer, de la ciudad de Rosario, y un autor novel, Jerónimo Rubino, de la ciudad de Rafaela. Además, en “Anamnesis”, publicaremos —ampliando nuestro proyecto— a Olga Zamboni, de la provincia de Misiones y a Lucía Carmona de la provincia de La Rioja. Estos libros, trabajados con fotografías, que se entrelazan con los poemas, son la vedette de la editorial.

          El Proyecto del “Lectobus” viene de la mano de Alicia Barberis y consiste en llevar la lectura a barrios vulnerables y pequeños pueblos de la provincia. La idea es ofrecer a los niños, a través de la lectura, un mundo más amplio y —a su vez— dejar personas capacitadas que faciliten, desde su lugar, la pasión por leer. Si queremos una sociedad lectora tenemos que comenzar despertando el amor por los libros en los chicos.

4 — ¿Cómo fue “escribir junto a” otras dos poetas ese volumen con firme resonancia refranera? ¿Se trata de poemas compuestos por las tres?

           PS — ¿“Amor en mano y cien hombres volando”? Fue un proyecto extraordinario que escribimos con Graciela Geller y Adriana Díaz Crosta en épocas de cartas enviadas por correo. No había e-mail en ese entonces. Yo viajaba de tanto en tanto desde Reconquista a Santa Fe, donde me juntaba con ellas y hacíamos una especie de taller: un poema contestaba al otro o continuaba la temática o la disparaba hacia otro lugar. Fue un libro revolucionario del cual aún tengo grandes satisfacciones. Mis dos amigas fallecieron en distintos años en dos 25 que no se pueden olvidar: 25 de mayo y 25 de diciembre. Eran dos poetas que marcaron rumbo. Con Graciela publicamos luego las obras completas de Adriana, y el año que viene sacaremos en “Anamnesis” el libro inédito que quedó de Graciela.

          Te cuento una anécdota: hace un tiempo, por face, me conectó un dramaturgo de la provincia de Entre Ríos —al que no conozco— pidiéndome un ejemplar. Le contesto que ese libro está agotado, pero ante su insistencia le fotocopio el mío, se lo envío por correo y le pido que me cuente para qué lo necesita con tanta urgencia. Me narra lo siguiente: tiene un sueño en el cual aparece en las marquesinas de la muy porteña calle Corrientes, una obra suya titulada “Amor en mano y cien hombres volando”, escritas claramente sobre un gran cartel. Como él no tiene ninguna obra así llamada ni jamás escuchó ese título, cuando se despierta googlea para ver qué encuentra en Internet y le sale mi nombre y el del libro. ¡Qué maravilla!, ¿no es cierto?


5 — Si bien carezco de certeza, no puedo menos que suponer que María Victoria López Severín, artista plástica, con quien compartís un Sitio, es hija tuya. ¿Puedo pedirte unas líneas sobre ella?... ¿Tenés otros hijos u otros familiares vinculados a un quehacer artístico?

          PS — Mi hija María Victoria, que aún vive en Reconquista, es una artista plástica con un talento único y exquisito. En este momento esta abocada a lo social a través de la creación de cooperativas textiles. Pero el arte no la abandona, por suerte. Mi padre fue pintor y ella heredó esta capacidad, que parece se transmite de abuelos a nietos. Mi hija menor, María Virginia, es bailarina y ejerce su profesión en el Ballet Nacional de Danza Contemporánea en Buenos Aires. Mi otra hija, Soledad, es Doctora en Biología, vive en Santa Fe, a unas cuadras de mi casa. De ella tengo dos nietos: Alfonsina y Nicanor, que por supuesto, son mi debilidad. Leandro está en la construcción. Todo muy variado pero haciendo cada uno lo que le gusta. Siempre los impulsé a que trabajaran por sus sueños. Creo que es el único modo de realizarse en la vida y de ser feliz. De la misma manera que yo soy feliz escribiendo. El bienestar interior va por delante de lo económico. Es decir, cuando una persona hace lo que quiere en la vida y desenvuelve sus sueños, lo otro viene solo.

           El arte llega por el lado de mi padre, de mi madre viene el trabajo en el campo, al que nunca quise que quedaran “pegados” mis hijos por obligación o mandato. Trabajar en el campo es hermoso (sobre todo porque es independiente y al aire libre, contrarrestando el encierro de la escritura) pero sólo si se elige como tal. Es tremendo quedar prisionero de una herencia o de un mandato.


6 — ¿Qué hacía tu padre?

          PS — Estudió arquitectura pero su pasión fue la astronomía. Él me guió en las primeras lecturas de filósofos y de arte en general. Tuvo que encargarse del campo que le dejó su padre, para sostener a nuestra familia, a su madre viuda y a su hermana. Tanta obligación acabó con su vida a los 47 años. Terminé una novela, que me llevó años de escritura, “La Tigra” (el título es el nombre de una estancia), que es también un pequeño homenaje a este hombre innovador, fuera del tiempo que le tocó vivir, que se pasaba las noches observando las estrellas desde el observatorio astronómico que construyó en la terraza de su casa paterna. Se iba en los inviernos a Campo del Cielo —provincia del Chaco— a investigar junto al Dr. William Cassidy —astrónomo de la NASA que viajaba cada año desde los Estados Unidos—, a buscar el Mesón de Fierro. De hecho fueron ellos los que encontraron las mayores piezas del meteorito. El más grande se denominó “El Chaco” y pesa  37 toneladas; es la segunda de mayor masa que se conoce en el mundo


7 — ¿Y tu madre?

          PS — Mi madre aún reside en Reconquista. Tiene 87 años, y creo que va a vivir muchos más, gracias a Dios, pues viene de una familia sana y longeva. Fue docente y la geografía era lo que amaba enseñar. Este fue un gran punto de encuentro con mi padre. Cuando él no estuvo y ella se jubiló, comenzó a ocuparse del campo. Papá armaba avioncitos de madera balsa con mis hermanos varones, y en el largo patio de nuestra casa de Rafaela, probaba diferentes fórmulas, para el despegue de réplicas de cohetes que lanzaban desde allí. Mamá aprobaba sus investigaciones, y todos los años se iban con mi padre a distintos encuentros de geografía en diversas ciudades del país.


8 — En una entrevista que te realizara María del Pilar Lencina (1937-2011) declaraste: “Hablar de la mujer, ‘desde la mujer’, es muy distinto —creo— que lo que vinieron haciendo los hombres en el correr de la historia de la literatura.” ¿Qué autores (varones) lograron hablar mejor, según tu sentir, “más desde la mujer”?

          PS — Prefiero nombrarte autoras: Flannery O’Connor, Carson MacCullers, Alice Munro, Dorothy Parker, Herta Muller, Virginia Wolf, por supuesto, Mercé Reboreda, Doris Lessing, y la gran Irène Némirovsky, que me hace venir a la mente a Sandor Marai, que tiene personajes femeninos increíbles en “La mujer justa” o en “La herencia de Eszter”; también “Ana Karenina”, del magistral Tolstoi. Luego está lo contrario: Marguerite Yourcenar delineando el personaje masculino en su “Memorias de Adriano”, por ejemplo.

          Los escritores y escritoras tenemos la suerte de vivir muchas vidas y distintos sexos. Pero eso no quita que podamos sentirnos más cómodos en unos que en otros. Yo me siento muy bien en la piel de las mujeres, indagando en su corazón, en sus emociones y en sus cabezas, y también relatando sus historias entremezcladas con las mías.


9 — María del Pilar Lencina ha sido una poeta con la que durante años he mantenido correspondencia postal, cuando dirigía sus Hojas de Poesía “Hermano Luminoso”. No nos hemos conocido personalmente. ¿Cómo la recordás vos, Patricia?

          PS — Con muchísimo cariño. María —como le decíamos en el norte— era un personaje de la ciudad. Escribía en un bar tradicional de Reconquista, “Cheroga”, que era una prolongación de su casa; allí te hacía las entrevistas, te citaba, conversaba de poesía y sufría por Boca Juniors. Fue una poeta exquisita; trabajó con ahínco por la pasión de su vida, la poesía, en esas hojas, “Hermano Luminoso”, que hicieron historia en el país y en el extranjero.


10 — En otra entrevista —para la revista literaria electrónica “Remolinos” de Perú— afirmaste que provenías de la línea de autores más viscerales y/o intimistas que intelectuales.

          PS — Yo elijo autores/as que me conmuevan. Puedo admirar lo intelectual pero lo que no me conmueve no deja huella en mí. Entre el grandioso Borges, por ejemplo, y Cortázar, me quedo con Cortázar o con Jamaica Kinkard o con Selva Almada o Julián López.


11 — En su momento, aseveraste que después de tu deslumbramiento ante “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera, había cambiado tu concepción de la literatura. ¿Cómo cambió entonces? ¿Volvió a cambiar después?

          PS — Absolutamente. Ese libro abrió mi mundo literario. El impacto de estar leyendo una ficción, que además te dice que es tal, y al mismo tiempo logra hacerte vibrar de la mano de pasiones y mentiras, aventuras y desventuras de personajes que sentís reales, fue una conmoción. Esta concepción de la escritura se fue mezclando luego con otra vertiente que viene de la narrativa de Carson MacCullers. Ella dice que todo lo que escribió es algo “que le pasó, le pasa o le pasará”. Yo creo lo mismo. Convertir tu vida y la de los que te rodean en tu materia prima, en tu mezcla preferida para levar lo literario, ya sea poesía o narrativa, es mi modo de encarar la escritura.


12 — Tenés un libro que no darás a conocer: “La voz bajo la falda” (consta en la Red). Capciosamente pregunto: ¿qué tenés —o retenés— teniendo un libro que no darás a conocer?

          PS — Se me fue la obsesión, como dice mi amiga, la escritora Marta Nos. Y sin obsesión no hay libro. Aunque está escrito se desactualizó para mí. Y si se desactualizó ya no tengo la necesidad de editarlo. Del mismo modo, aunque un libro mío se haya publicado, si siento que debo modificar algo para una edición posterior, lo hago. Por ejemplo, reescribir un cuento. La obra es del autor (autora), quien tiene todos los derechos sobre la misma. Esto me lo enseñó hace muchos años Mempo Giardinelli, y me pareció una postura válida, correcta.
13 — El también rafaelino narrador y poeta Hugo Borgna en un análisis de tu obra literaria encomilla de “:salir de cacería” lo que ahora reproduzco: “todo lo que se pudre se convierte en familia”. Tremendo. ¿Qué obras artísticas te han estremecido?

           PS — Esta frase que comentás me estremeció en lo más profundo y me mostró otro costado del concepto de familia; es del poeta Fabián Casas. Y ahora que la traés a colación me doy cuenta de que casi toda la idea de la novela “:salir de cacería”, gira alrededor de ese tremendo enunciado… que en realidad no es mi creencia, pero sí es el comportamiento y la creencia de muchos de los personajes de la novela.

           Me estremecieron —en literatura— por ejemplo: “Tres luces” de Claire Keegan; muchos de los cuentos de Alice Munro, sobre todo de su libro “Demasiada felicidad”; “Middlesex” de Jeffrey Eugenides; “Todo cuanto amé” de Siri Hustvedt; “La historia del amor” de Nicole Krauss; los libros de Némirovsky; los de Laura Alcoba; “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” de Murakami; algunos de la brasileña Clarice Lispector; los de Irma Verolín tanto en narrativa como en poesía…; es larga la lista, podría seguir dos páginas más. En poesía te nombro a Joaquín Giannuzzi, a Laura Yasan, algunos libros de Santiago Sylvester, Gelman y Boccanera, los de Marossa Di Giorgio y Fernando Pessoa… y también los de Orlando Van Bredam. De hecho, todos estos libros y los que —por cuestión de espacio no te nombré— están en el lugar de privilegio de mi biblioteca.

           Me estremecen también las pinturas de mi hija María Victoria; las esculturas de Camille Claudel y de Lola Mora, los cuadros de Frida Khalo.
             

14 — “Helada negra” se titula un libro tuyo de cuentos que pronto aparecerá a través de Ediciones UNL.

          PS — Tendrá diez cuentos. Justamente el título del mismo, que como verás es ambiguo, pues puede interpretarse como “helada negra” o “el hada negra” —depende de la manera en que lo nombres—, lleva en sí mismo la carga emocional que porta cada uno de los cuentos. Hay dolor por la muerte. La muerte de una prima, de una hija, un padre, una hermana, una mano, de la amistad, del amor, de la confianza, la pérdida y el reencuentro de la identidad, de los bienes, y también la herida que años atrás se le hizo a nuestra Patria con tantas otras muertes. Es un libro de pérdidas aunque también creo que puede vislumbrarse en alguno de ellos un nuevo nacimiento, una esperanza, después de tanto dolor.


15 — Además de la novela “La Tigra”, ¿tenés otros libros inéditos?

          PS — Tengo un libro de poemas que se denomina “Muda” —otro título ambiguo si se quiere, pues se refiere a la falta del habla o quedarte sin habla, y a su vez al cambio, a la mudanza de las cosas y de las personas—. El libro es muy duro al inicio y luego se va convirtiendo en algo más luminoso, en su travesía hacia el final.

          Estoy terminando una novela breve, “Dos abuelas” y otro poemario que como título provisorio lleva “Difícil decir que no”. Ah… y también estoy escribiendo un libro de Qhabala, cuyos conceptos los vierte mi profesora Beatriz Ulrich, y cuyo fin es que este Conocimiento pueda ser comprendido y aprehendido por todo el que lo desee; que ya no sea hermético ni para un grupúsculo de escogidos.


16 — Roberto Fernández Retamar se pregunta en una carta-poema: “¿Qué le ocurre al novelista cuyos personajes, de pronto reales, se ponen a vivir por su cuenta?” ¿Qué te ocurre, Patricia, cuando algún personaje se pone a vivir por su cuenta?

          PS —Te sorprende. Te sorprende muchísimo… y se los deja crecer. No queda otra. Y luego estás maravillada por el rumbo que han tomado. Esas criaturas se inventaron sus vidas ellas mismas. Y más tarde viene lo contrario, los personajes que sobran en la historia, que no encajan en ningún lado, que no van a ninguna parte y tenés que sacrificar. Es muy triste, te lo aseguro. Es penoso. Me resisto… pero al final lo hago: elijo la historia. Esos mueren y es difícil enterrarlos. Hago lo que sea para que sobrevivan. En “La Tigra” por ejemplo, muchos personajes tuvieron que quedar de lado… pero irán a cuentos. Es más, ya están en cuentos que aún no he juntado para un volumen. Pero, y va otro ejemplo, tengo una novela que transcurre en Uruguay —escrita a medias— y no sé que haré con ella y su gente… y me resisto a perderlos de vista.


17 — ¿Qué relación existe entre obra y experiencia poética? ¿Son inseparables?

          PS — Para mi son inseparables. Absolutamente. Porque emocionalmente no tengo manera de separar las dos.


18 — ¿Influyó en algo tu trabajo de productora agropecuaria?

          PS — Muchísimo. Los climas de mis obras —en general— están traspasados por la naturaleza, por los animales, los árboles, el silencio, la lluvia, el campo. Y a veces me pasa algo que no es del todo grato. Leyendo novelas de autoras —en este caso argentinas—, veo que colocan cosas incorrectas —sobre lo que se hace o pasa en el campo—, y esto me saca de la historia y me cuesta volver a ella. En la que termino de leer, la autora nombra en simultáneo al trigo, el girasol y la soja, como sembrados que pueden ir a la par. Esto no es así. El trigo se siembra en invierno y cuando se lo recoge se siembra la soja y puede sembrarse también girasol. Dice también que con la brisa la soja oscilaba…; el trigo, quizá… y cuando larga la espiga y oscila, es muy bello de ver. Pero nunca vi oscilar la soja.

          En otra novela, un auto viejo se descompone y es tirado con una soga, mientras sus ocupantes se trasladan a la camioneta que los auxilia. ¿Cómo va a ser guiado el auto descompuesto sin nadie al volante y arrastrado por una soga?  Hay cosas que para el que trabajó en el campo son obvias. Abelardo Castillo, por ejemplo, tiene cuentos magistrales que suceden en el campo, y escribe con una precisión y un rigor tal, que parece que ha vivido allí.

         Sé que no es fácil para alguien de la ciudad entender cómo funcionan algunas cosas en el campo. Pero ahora con Internet la información está al alcance de todos.


19 — ¿Cómo te resuenan las palabras “tributo”, “endeblez”, “hipocondría”, “retahila”, “atrabiliario”, “bolonqui”, “disperso”?
 

          PS — Tributo: homenaje ganado, bien merecido; endeblez: falta de voluntad para vivir; hipocondría: lo que no tengo; retahila: madre pesada que no termina nunca de quejarse ante sus hijos; atrabiliario: si es sinónimo de mal carácter, esa no soy yo; bolonqui: lo que hay en mi escritorio aunque siempre me diga lo contrario; disperso: muchos de mis días.


20 — Según he leído, Haruki Murakami habría opinado que escribir una novela es un reto y escribir cuentos, un placer; que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. ¿De qué otro modo expresarías que escribir una novela es…, y escribir cuentos es…?

          PS — Escribir una novela —para mí— es meterse en un universo que no sabés cómo se va a construir, ni qué resultado tendrás con él. No definiría a un cuento como una escritura de placer pues a veces se hace muy doloroso escribirlos, y otras veces dan muchísimo trabajo para que queden como una quiere dejarlos. En cambio en una novela si hay algo no tan exacto no se nota en el conjunto: es como un río con afluentes, no siempre baja limpio. El cuento es una isla o un lago, si queremos seguir con la comparación del agua, y no debe tener meandros ni costas desprolijas: delinearlo pensando en lo perfecto y acabado, aunque a veces no nos salga tan así.

 
21 — ¿Qué —que puedas y quieras contar— te enorgullece? Y, ¿qué —que puedas y quieras contar— no te enorgullece?
 

          PS — Me enorgullecen mis hijas, haberlas criado con los valores que las crié. Lo que hice con y de mi vida, corrigiendo los errores a medida que avanzo en el camino. Me enorgullece el esfuerzo que puse —y pongo— en la pasión y la responsabilidad de la literatura, y en que cada obra no se repita y pueda tener su propia voz. Las amigas que tengo y el empeño en construir la amistad. Mi nuevo matrimonio y el viraje que di en la concepción de la pareja. Me enorgullece la persona que he llegado a ser a partir del desafío de mi búsqueda interior.

          No me enorgullece la disputa entre hermanos, las pequeñeces o miserias que a veces me descubro pensando, cómo malgasto el tiempo de tanto en tanto. Tampoco me enorgullece criticar o pensar mal de la gente (cosa que trato de enmendar) o algún brote de ira o malhumor, resabios que limpio de inmediato no bien los diviso.


22 — ¿A qué escritores fallecidos —de todos los tiempos— te hubiera gustado conocer en persona?

          PS — A Manuel Mujica Laínez, exquisito diseñador de tramas e historias. Poder quedarme mirando junto a  él, desde “El Paraíso”, su casa de Cruz Chica en la provincia de Córdoba, el paisaje maravilloso de las sierras. Ahora que yo también tengo mi propio paraíso, voy caminando por esas callecitas cerca de donde Manucho pasó gran parte de su vida, y me pregunto por sus escritos —no valorizados aún como corresponde—,  su extravagante existencia, sus pasiones, su amor por la belleza. A Clarice Lispector…: conversar de su mundo literario intangible, esotérico y magnífico; a  Cortázar, por supuesto, para charlar sobre Cronopios y  Famas, y sobre su visión del mundo que deja entrever misterios, vidas paralelas, yuxtaposición de tiempos y personajes; a Irène Némirovsky para decirle cuánta admiración tengo por su obra y por su valentía, y protegerla de los asesinos, que primero la entregaron y luego la mataron a los 39 años, en un campo de concentración. Es increíble que haya escrito semejante obra con tan poca edad.

Patricia Severín selecciona poemas de su autoría para acompañar esta entrevista:


De “Poemas con bichos”:


/Hoy me fui de todos y de todo
 de mí
 de Dios
 tan jodida me fui
 resbalando por mi cuerpo
 haciendo equilibrio       con la sombra de las uñas


 Hoy me fui sin cantar    —yo nunca supe—
 guiñando un ojo a la vergüenza


 desnuda sobre la helada       me fui/



 /quisiera ser un bicho más/ no este animal doméstico/


*
III-con víboras

Tengo encerrada una serpiente en un frasco verde
En realidad el frasco es transparente
la serpiente es verde

No es una serpiente
                                      dice mi hija
es una culebra enorme y larga
destrozada por un perro

Soledad   colecciona     culebras,    serpientes,    víboras
Reptiles

En fin
:mira la belleza donde pocos la ven

Se ha vuelto sabia

Puede raspar escamas
para separar
                      lo que parece
                                              de lo que es


III-con víboras

También yo mudo de piel
de invierno a verano

el que me conoce
no me conoce
y dice que quiere a la otra
la que empuñaba su lengua bífida
en vez de abrazar el silencio


busca a la que no soy

la que vendrá ya esta en mí

*

De “El universo de la mentira”:


ANTICIPO

                     
Todos estaban allí
hurgando dentro de mi boca
respuestas
que no podía darles

Se empeñaban en clavar astillas

Ni vestigios de la que fui
ni presencia de la que soy
un sopor de uva
en el cuenco de la frente

Todos estaban allí
hurgaban
yo quería decirles que lo único mío
eran las esses
las esses de mi nombre que colgaban de mí

Pero no iba a conformarlos

                            Entonces discurrí la manera de partir
dejar la multitud
ya no lloraba
sólo miraba el mundo
como una crema
                                 espesa                    
                                                 negra                  


 *
                           SALDO


                la malparida                     la hermosa
                                se ha sacado los ojos
             para                    quedar allí       definitivamente

   en la casa vacía                     la pequeñita
   que separa el estante    los libros      la cocina
   la pelusa     el polvo      su llavero     el celular
   la tierna desolación que ocultaba tras la nuca
         
            la ocupada                       la desolada
   la maltrecha                     la despenada
                      la desvirgada                      la majestuosa
    la deshojada                        la tenebrosa
                      la malhablada
    la conchuda                          la soñada
                       la ceñuda


hunde las venas       en el vacío       de la gillette        de la casa

*
De “Muda” (inéditos):        

Perspectivas

No tengo un lugar elevado
por donde mirar
a ras del suelo
es difícil ver el mundo
hay hollín por todas partes
la virtud se escurre en la boca de tormenta
Pido sangre para el que está sepultado
:trepo al tapial /gano altura
máscaras móviles no entran en esta cavidad
pasan lentas
como un tren de otoño
como una tos que se expulsa en otro lado
Me juego el todo por el todo
y me elevo un poco más
Hago pulpa de esquirlas con las manos
un líquido negro me emborracha
Tiro anzuelos para cazar pirañas
para no pensar

No hay nada que mirar
desde aquí arriba
que no vea desde abajo

*

Rock


Charly se arrojó desde lo alto a la piscina
y esta bruma no disipa
quizá algo de locura venga bien
algo
no esta barbarie 
que serpentea por el piso
reguero de pólvora
se incrusta en las paredes
dejando boquetes más grandes que una colt
(Nadie se da cuenta
cómo tiemblo
sordomuda encerrada en el altillo
el cuerpo no responde
traqueteo / carromato
que devora hasta la lengua)
¿Vamos a cruzar el charco en barquito de papel?
Siempre nos pasa lo mismo
No veo el cielo en llamaradas
sólo ceniza que se arrastra
babosa rociada con sal
Hay un éxodo dispuesto a dispararse
dame un rock
un rock cargado
Charly
para no escuchar

*

Entrevista realizada a través del correo electrónico: en las ciudades de Santa Fe y Buenos Aires, distantes entre sí unos 467 kilómetros, Patricia Severín y Rolando Revagliatti.

http://www.revagliatti.com/ultinf_severin_full.htm  

lanzamiento de La heredera y los usurpadores, de Juan Aguayo.

lunes, julio 17, 2017

En septiembre, ponemos a la venta un relato entre la novela histórica y la de piratas

La heredera y los usurpadores
 

Juan Aguayo
ISBN: 978-84-946483-3-5
326 páginas
22’95 €
 


La heredera y los usurpadores es una novela histórica sobre un fenómeno absolutamente desconocido: la fiebre por el cultivo del cacao en el Caribe, causada por una repentina alza de sus precios en México. Como tal, es un retrato minucioso de Caracas y de sus costas, cuando todavía era conocida como Santiago de León, allá por el s. XVII. Un mundo de una violencia incesante, avivada no sólo por la  súbita expansión del cultivo de los cacaotales, que convulsionaría, con traiciones y disputas sangrientas, la convivencia de los encomenderos españoles, sino por las feroces incursiones de los corsarios holandeses, aposentados en Curazao.

Por tanto, La heredera y los usurpadores también puede leerse como una novela de piratas, e incluso como un relato sobre las crueldades que desata la codicia humana, en un mundo que había sido un paraíso hasta la llegada del europeo.  

Juan Aguayo
Es el pseudónimo del historiador Juan Ganteaume Aguayo, que nació en Madrid, en 1958. En la actualidad es el Director del Grupo de Información y Docu-mentación de la Antigua Caracas (GIDAC), y hasta editar esta novela, La heredera y los usurpadores, sobre los conflictos entre encomenderos, ocasio-nados por la expansión del cultivo del cacao en Venezuela, había publicado estudios y ensayos referentes al mismo periodo, como Chuao antes de la Obra Pía, 1567-1672 y La Jornada de Caracas, 1567-1568: Cronología e historia crítica, ambos en 2006, o Valle de Paya, desde el s. XVI al XX, en 2013. En estos momentos, está ultimando la edición de La Caracas de los conquistadores, 1567-1641, un extenso ensayo sobre los albores de Caracas, como homenaje a los cuatrocientos cincuenta años de la fundación de Santiago de León de Caracas (hoy, sencillamente Caracas), época de una importancia capital en la presente novela.

"Creatividad o domesticación" próximamente...

Nuevo libro de Jorge Colombo, próximamente disponible.


Una piedra en el ojo del alma' de Celio Torrejón

Frutero. Una piedra en el ojo del alma | Descarga gratuita

Enlaza a la descarga gratuita en formato PDF de la primera novela de Celio Torrejón Frutero.Una piedra en el ojo del alma. 

Link: www.mediafire.com/file/3h7q6hkb7g0w3pk/Frutero+Una+piedra+en+el+ojo+del+alma.pdf


Primera parte 'Frutero' | Fragmento 

No preguntes. Imagino que me equivoqué. Lo acepto. Todo ha sido culpa mía. ¿Pero qué iba a hacer si no? Pasó por delante de mí y tuve que hacerlo. Sentí miedo y en ese momento no lo pensé y me pareció buena idea. ¿Cómo iba a predecir yo las consecuencias de todo esto? No. No lo sabía. Lo hice porque pasó sonriendo y no tuvo en cuenta que esa sonrisa la ataba a mí de algún modo. Ella tampoco pensó en las consecuencias de sus acciones. No quiero decir ahora que la culpa no sea exclusivamente mía (acepto el cien por cien de la responsabilidad) solo que si hubiera tenido en cuenta algunas cosas… Ven. Hazlo de una vez. Entra. Se adelantó bastante, así que tuve que avanzar más deprisa que ella para poder alcanzarla... ¡casi se me escapa! Ahora ya no está. Sigue entre nosotros, pero no del mismo modo. Está bien. Sí, me he equivocado, pero ya vale, ¿no? Quizás le di demasiada importancia. Hay algo en mi cabeza. El recuerdo es muy vago: el sol de las diez y media de la mañana de un día de primavera. Era marzo seguro. Pasó por delante del banco donde yo estaba sentado. No sé si la vi pasar (a lo mejor fue un sueño), lo pensé, no demasiado, si no, no lo hubiera hecho. No. No estoy loco, pero a veces me cuesta ordenar la cabeza. Creo que me levanté del banco cuando ella dobló la esquina. No tengas miedo. No has hecho nada malo. Vuelve con nosotras. Te esperamos. Hay fuego en nuestros corazones. Deja de hablar y ven. Ven. Ven. Ven. De pronto me vi de espaldas persiguiéndola. Pensé decir: “espera”. Pensé en realidad en no decirlo pero ella me leyó la mente y antes de que materializara en mi cabeza la posibilidad de que no lo dijera, supo que yo quería haber dicho “Leonor, espera”. Por eso se giró y me vio. De no haberlo hecho nunca me hubiera atrevido. No habría pasado nada. Que conste. En realidad no hice nada malo, pero se alejó de mí. Cállate ya y entra de una vez. Nos estamos convirtiendo en agua. Si ella no hubiera pasado delante de mí sonriéndome, yo todavía estaría sentado en el banco. No la estaba esperando a ella. Yo no estaba sentado casualmente esperando verla pasar.  

EL INSOMNIO DE LOS VERBOS CANSADOS, por Juan José Romero M-E. (Terly)

EL INSOMNIO DE LOS VERBOS CANSADOS
De Marian Raméntol Serratosa


Como aquel que se queda extasiado frente a la pintura de Picasso o Salvador Dalí, frente a sus trazos y colorido, frente al misterio que roza como con pluma de ave las zonas más sensibles de nuestra alma, así me he sentido yo tras la lectura de  “EL INSOMNIO DE LOS VERBOS CANSADOS”  última obra poética de Marian Raméntol Serratosa, poeta barcelonesa a la que admiro y tuve el honor de conocer hace ya algunos años cuando un grupo de inquietos poetas, en un bar de copas y con la ilusión de hacernos eco de nuestras composiciones poéticas, fundamos el “Grupo ZeroArt de Poesía de Barcelona” Ella nos acompañaba y, aun sin ser consciente de ello, dirigía una invisible batuta de una incipiente orquesta.

Y he puesto de ejemplo estos dos pintores porque al contemplar sus obras, cada observador puede interpretarlas de maneras muy diferentes sin que por ello deban ser consideradas unas, más acertada que las otras.
De Marian, entiendo que su poesía es un sueño revestido de palabras que no tienen por qué ser interpretadas por distintos lectores con el mismo significado. Yo he disfrutado con la lectura de su obra seguramente de distinta manera que cualquier otro lector y podría aventurarme a decir que incluso que la propia autora al componer sus versos y ello hace que la interpretación un tanto surrealista que yo haya podido darle, para mí, haya sido la más acertada de todas ellas.

Podría hacer mención de algunos de sus poemas y de las interpretaciones que yo haya podido darle, pero prefiero que el lector goce de su libertad y vuele con sus propias alas.
Tan solo voy a hacer mención de dos versos en los que Marian nos hace ver claramente que la mentira en el poeta es una de sus realidades y así de tangible lo ve  y nos lo cuenta:

“Un poema no suele decir la verdad de nadie,
tan solo hinca sus dedos en el charco…”


La poeta, refugiada en su dolor, goza, se recrea, disfruta de él para mostrárnoslo como algo hermoso y éste es  el cimiento sobre el que edifica toda su obra y su verdad poética.

¿Qué por qué recomiendo la lectura de este poemario? Pues sencillamente porque en estos tiempos de tanta e insoportable materialidad, Marian Raméntol Serratosa nos hace soñar sin tratar de dirigir ninguno de nuestros sueños.

Juan José Romero M-E.
(Terly)


Juan José Romero Montesino-Espartero- España
Nació en Cáceres en el año 1941. Allí estudió Bachillerato y pasó toda su niñez y parte de su juventud. Ya con 19 años y tras haber realizado algunos estudios de contabilidad, se trasladó a Madrid para ejercer como contable en una pequeña empresa, trabajo que alternó con la ampliación de sus estudios contables y financieros. En el año 1970, ya casado y esperando el nacimiento de la primera de sus dos hijas, se trasladó a Sant Cugat del Vallés (Barcelona) para ejercer como director financiero de una empresa alemana en la que terminó siendo su Director Gerente.
Sus versos siempre fueron los números y sus estrofas, los balances. Aunque aficionado a la lectura poética, (tanto su padre como su madre fueron poetas de cierto reconocimiento) jamás escribió nada que no fuera para su propio consumo, (leer y romper) Fue a sus 67 años cuando al verse jubilado y sin preocupaciones de trabajo e hijos que sacar adelante, se embarcó en la apertura de un blog con el fin de ir publicando en él algunos poemas de sus padres, pero, hete aquí que, entre poema y poema, decidió escribir algunos versos para consumo de su propio blog.
Ha participado en los, hasta ahora, cuatro Encuentros de poesía en Red, donde ha hecho buenos amigos. También ha leído algunos de sus escritos en Radio Unión Cataluña, Radio Sabadell y Radio Rubí. Forma parte como cofundador de los grupos poéticos “ZeroArt de Poesía” de Barcelona y “BdT” (Banco del tiempo) de Sant Cugat del Valles, asistiendo prácticamente a todas sus tertulias. Ha publicado el libro de poemas "Notas de una Lira deshojada".

Ama de casa de Laura Rodríguez Sayd, reseñada por Beatriz Pérez Sánchez

Ama de casa
Autora: Laura Rodríguez Sayd
Ilustraciones: Estefanía García Gómez
Ediciones En Huida
Año: 2017

Ama de casa, el primer libro de poemas de Laura Rodríguez Sayd por Beatriz Pérez.

Cuando la sencillez en la emoción y la palabra se unen, el resultado es bueno, pero si además ilustras tus poemas con imágenes delicadas tu obra se transforma en algo extraordinario.
Rodríguez Sayd expresa su maternidad y sus dificultades como madre y mujer sin miramientos. Si su universo simbólico está repleto de esas imágenes y su vida inundada por esa faceta tan dura de conciliar ¿Para qué mentir?


“… En el cajón de los calcetines huérfanos
junto al libro de verdad que no sucede
cantando las canciones que no cantas conmigo
con un cansancio de universo… “


Su voz es femenina y cotidiana. Te acerca a lo más real con tostadas, galletas, estropajos, medias, ácaros y cafés, mientras te hace volar con sueños, cuerpos azules, peces, soles o nubes viajeras.  Sus poemas, algunos muy cortos, son una combinación muy limpia que muestran el cansancio, la angustia y el sopor de  la vida de la mejor manera posible. Sus mensajes se alejan de la tristeza porque Ama de casa está escrito sin la fuerza del rencor, sin agresividad y con mucha calma. Y para ello las delicadas ilustraciones de Estefanía García existen al lado de sus versos como prueba complementaria.

No faltan dosis de ironía acerca del amor  y la maternidad.  El siguiente poema es una muestra de ello:

LA CULPA ES MÍA por soñar en inglés,
por haberme dejado llevar,
por jugar a lo grande

En un viaje imaginado a Las Vegas
aposté lo más valioso de mi vida
Y gané
-claro-
Así me convertí en la perfecta ama de casa
(en guardiana de mi hogar)

Más me valía haber deseado en castizo
y dejar para otros el sueño americano


Lo infantil y su entorno están presentes como hilo conductor, pero no es un libro de cuentos, aunque te conecte con el lado más entrañable de esa época, incluidas las abuelas, las madres y las tatarabuelas.  La poeta nos muestra la dureza de una decisión con sus contrastes sin rencor, sin odio, pero con cierta añoranza de otro tiempo que fue y ya no está.

SOY UNA MUJER EXTRAORDINARÍA

mitad mujer
y mitad mujer



Laura Rodríguez Sayd depura sus versos hasta el extremo exquisito de permitirnos conectar con nuestro lado más ingenuo y dulce. Ama de casa es un libro de poemas de imprescindible lectura que te reconcilia con tu historia sentimental infantil, adulta, como madre, mujer y padre.

BIOGRAFÍA de la autora

Laura Rodríguez Sayd, Madrid (1977), es licenciada en Historia del Arte y Educadora Infantil. Madre desde 2011. Le gusta reinventarse aunque siempre acude a la poesía. Ama de casa es su primer libro de poesía. 





Beatriz Pérez Sánchez (Barcelona, 1974). Crea y participa en muestras y festivales con artistas, performers y bailarines  diversos explorando las relaciones entre la palabra, la improvisación y el movimiento. Licenciada en Pedagogía y Diplomada en Educación Social por la Universidad de Barcelona. Formada en técnicas de expresión y movimiento ha compuesto las creaciones en solitario La vida de Diana (2003), Imagen y cuerpo en la ciudad (2008) y conjuntamente con Romain Chat De perfiles y Numb (2016) y Taxidermia (2017) con Aarón Comino.  Ha sido miembro del grupo poético Laie de Barcelona. Ha publicado los poemarios De perfiles, vértices, planetas, cuerpos, árboles y escenarios y Numb, la espera sostenida (2016). Colaboradora de las revistas Poesía Digital, La Nausea2000, Letralia, Groenlandia, Triadae Magazine y Revista de Educación Social (RES), entre otras.

EL INSOMNIO DE LOS VERBOS CANSADOS. UNA APROXIMACIÓN FUGAZ, por Jesús Ávila Zapién

martes, julio 11, 2017

EL INSOMNIO DE LOS VERBOS CANSADOS. UNA APROXIMACIÓN FUGAZ.

Por: Jesús Ávila Zapién.


He tenido ese placer de los amigos -y adeptos verdaderos, a degustar de la poesía de Marian Raméntol, desde aquellas incursiones por algún prestigioso foro de poesía en la red. El deslumbramiento de sus portentosos trazos ya hechizaba con finura las estrofas agitadas por versos subversivos, y Marian ya era Marian. Con sus artilugios palpitantes de impensada belleza, extraídos con tesón desde su transgresora originalidad hecha poesía.

Percibamos algo del bagaje de El insomnio de los versos cansados, su reciente poemario dedicado a la memoria de su madre (“Ese ser que ya siempre será de agua”). El poema temático que preludia (y da unidad al libro) es a un tiempo refracción y espejo que se vuelve una necesidad orgánica, para exonerar los juegos de la infancia de su tránsito al olvido, silepsis de una sensible pluma que trastoca lo íntimo, lo inevitable, valiéndose del desvencijado “recuento” omnipresente de “unos ojos de felpa”:

Un cuerpo de trapo
puede regalar centímetros de amor,
puede aprender de las cigarras
y acompañar a la tarde en su mudez,
puede mirar por los pespuntes…

Antes que la imagen se haga trizas, multiplicándose, al colapsar con el perpetuo sueño:

puede mirarnos dos veces y adelgazar la tristeza,
meterse en la cama y abrazar nuestros desembarcos,
aterrizar sobre silencios permitidos
que amoratan y pudren cualquier proporción.  


Muralla y ruta al escozor pueril. Alquimia que sutura en antítesis la daga, desde la punción aséptica que exime un ruego:

Una muñeca con el pelo de luna,
puede venir hoy a perdonarme.

 (EN UN CAPÍTULO DE TERNURA CLANDESTINA. De: El insomnio de los verbos cansados, 2017).


La poesía de Marian, desde sus inicios (“Hay un área de descanso un poco más abajo de mi vientre”; y “Duología poética”), es una poesía sagaz, inteligente, que desanda lo andado para erigir su peculiaridad, orquestada tanto en un plano conceptual como concreto de la subjetividad sensible; coexistencia inarmónica que, paradójicamente, hace del inequilibrio el eje de tensión semántica que la resuelve con sobrada pericia, en virtud de su propio vuelco de penetración poética.  Pruebo lo que afirmo con este caleidoscopio verbal, tomado al azar de su poesía inicial; órbita y despliegue de una poetisa con una formación cultural densa y polifacética que le habla con sorprendentes imágenes al intelecto y a la sensibilidad más exigente:


"siniestras oficinas donde la luz solar es sólo un dato amarillo".

"en su nuevo papel de geishas,
tratan de vendernos su ácida entrepierna".

"con un saxofonista en paro que sólo sabe amar
bajo lunas de alcanfor.

Poco importa, o quizá nada,
mientras nos queden veinte dedos entrelazados
a punto de ser dinamita".

"Nunca entendí a los hombres que parecen amar
bajo los efectos de una feroz anestesia".


"Las farolas vomitan una nueva tragedia en las calles…"

"El noticiero de lo irreal dará cuenta entre titulares
de lo sexy que pasa la muerte cuando nos roza la cara".


"Mi almohada ya no recorre kilómetros
ni amanece con aliento a insecticida.
-ya no quedan arcángeles a los que proponer el suicidio-"

"Silencio,
la ternura de acariciar al cansancio también tiene sus derechos".

"y mi corazón disfrutó de pensión completa
mucho antes de alcanzar la tercera edad…"

"Juegas a construir rascacielos en la punta de la lengua,
donde se echan a dormir las geografías
que no existen en los mapas de las manos".

"Hoy el silencio ha puesto a todo volumen
el ritmo cardíaco de la ausencia.
Ha cambiado de ropa interior a los acentos
y no contento con eso,
se ha afeitado las arterias con loción de interrogante".

"aunque sabías que la abertura de tu boca
no tenía el tamaño apropiado
para que volvieras a pronunciar la palabra Amor".

"Ahora mi corazón ha entendido tu mensaje
¿Pero has entendido tú
que mi alma tiene la misma longitud
que las palabras que no caben en tu boca?"

Constatación de una sintaxis personal y cotidiana, venida de todo eso que sabe ser tan exquisitamente bien Marian Raméntol.


REFERENCIAS:

(EN UN CAPÍTULO DE TERNURA CLANDESTINA. De: El insomnio de los verbos cansados, 2017. Marian Raméntol. Editorial: La Náusea Ediciones. Colección E-book).

(Duología poética, 2010. Marian Raméntol Serratosa. Ediciones Atenas. Barcelona, España; y, Hay un área de descanso, un poco más abajo de mi vientre, 2010. Ediciones Atenas. Barcelona, España.)



Jesús Ávila Zapién, nació en Sahuayo, Michoacán en 1964. Biólogo, Maestro en Ciencias de la Educación, narrador, poeta y compositor. Sus inquietudes literarias las ha encauzado a través de cursos y talleres en ciudades de México como Jiquilpan, Zamora y Morelia, Michoacán. Ha colaborado en las columnas semanales de los periódicos: Provincia, Tribuna y Vox Pópuli; en las revistas: Esquina, y Expresión Tecnológica, del Instituto Tecnológico de Jiquilpan. Fue premiado con mención honorífica en el certamen de poesía de los Juegos Florales Villamar, 2004. Ha publicado el libro de narrativa La vida imita al arte (CONACULTA, 2013). Poemas suyos aparecen en el libro Follaje de palabras (1996) y en la antología Vitrales de poesía Sahuayense (2014).


El Último "Desorden Internacional" - XeRoots En Acústico


ESTEM CASI BÉ (jornada comiat nauestruchi!)

sábado, 22 de julio de 17:00 a 20:00
L'Estruch Fàbrica de Creació
c/ Sant Isidre, 140, 08208 Sabadell
 
Es julio y en Sabadell el termómetro marca 2 grados más que en Barcelona, los poros lo son más que nunca y es difícil actuar a una velocidad óptima. Suena a excusa pero, y porqué no actuar desde ese lugar todo el año? Quién nos obliga a tener y pensar desde un cuerpo al 100%?

Las diferentes propuestas aluden a esa merma de plenitud, a ese uso frágil y político de la carne y su potencia reflexiva. La cosa va de: el cuerpo en deterioro, el cuerpo condicionado por prótesis, el cuerpo fuera de lugar, el cuerpo fuera del mundo, el cuerpo un día de "no puedo más con mi cuerpo"... cuerpos otros.

Pues eso, que "ESTAMOS CASI BIEN" que es mejor que estar bien o muy bien, y nos hace mejores artistas y personas.

Sudemos juntxs! Venid al resfresco!

17h David Martínez Suárez (objetos y danza)
18h Amaia Molinet (charla)
19h Claudia Rebeca Lorenzo (videos y lecturas)
+
Irma Marco (mural)
Laura García (fanzines y muebles)
 

Omar Crosa hace incursión en "El insominio de los verbos cansados"

lunes, julio 10, 2017

EL SUEÑO DE LOS VERBOS FORTALECIDOS

¿En un capítulo de ternura clandestina puedes tú tocar el grito?
Aterrizar sobre silencios permitidos a este lado del mar, a fruncir el césped, a limar el legado de la noche abultada y chorreante sobre un tiempo abultado y repleto de fluidos, antes de que todo acabe, antes de que no seas más…, con el dolor de la tragedia saliéndote del cuerpo con el que inventas la luz: el mejor accidente de cuantos podamos imaginar: un libro que como prisma inmejorable la descompone en todos sus matices disminuyendo su velocidad, desviando su trayectoria y formando ángulos adecuados según la interfase que personifica cada lector, es siempre un escándalo prematuro  para seres incapaces de asumir, de paso, el zumo de la herida y algunas pesadillas de esparto por trenzar. Un poema no suele decir la verdad de nadie; un verdadero poema suele contener todas las conformidades que todos y cada uno de sus lectores forman en la mente; por eso invito a quienes sueñan con el éxtasis de contemplar la belleza y disfrutar lo sublime, para que En un capítulo de ternura clandestina puedan tocar el grito  y vivan, el sueño de los verbos fortalecidos, de la manera singular que cada uno pueda; yo acá plasmo el mío concibiendo las palabras de Marian Raméntol Serratosa en la andorga subrogada de mi mente.

    En el centro de todas mis cenizas
    la muerte se sienta a cenar
    infectada de crepúsculos y mece mi cobardía:
    nada es suficiente y todo es excesivo.
    Sin otros ojos que los de la muerte
    otea las cacerías de léxicos asustados, los sigue
    más allá de la latitud del miedo.
    No acabo de entender la mirada de esta tarde,
    inerte sobre julio, lacia, húmeda
    o cualquier otra nadería;
    déjame flotando por la huida una vez más…
    en un capítulo de ternura clandestina
    la noche volverá a ser amable en su hemorragia.
    Otro perro entre un montón de perros
    se me cuela en las entrañas,
    vomita la sombra adoptada por mis venas y
    esa boca tan delgada que aún sujeta tu sonrisa
    repta por este cielo amarrado al sol.
    Bajo el frío de la tierra
    o cualquier otro rincón, provincia, o país
    se gestan los nacimientos que sangran los desagües;
    con la leche de iceberg y los besos de cianuro
    abolidos por el tiempo que te hizo verdad ilesa,
    no habrá acordes bastantes para ser de carne…
    si no fuera por el chamanismo de tus ojos,
    al otro lado de la noche,
    dejando la voz satisfecha en el silencio
    o en la saliva del cerebro
    sobre un paisaje hervido sobre una tarde inédita. 




Soy el aprendiz de poeta Omar Crosa. “Nacido en un lugar de Colombia de cuyo nombre no quiero acordarme” (del que fui desplazado –en brazos de mi madre y con escasos meses de nacido–, por hechos de intolerancia y violencia), en una fecha que “numerológicamente” me vincula, de manera inevitable, con “La Marca de la Bestia” –aunque no sé si reír o llorar por ello, puesto que según Ap. 13:18: “Aquí hay sabiduría: El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis” –.
Catecúmeno criado, en Jericó, Antioquia, y pervertido en sus institutos; exiliado voluntario en Medellín persiguiendo otros horizontes, hoy mi lugar de residencia –tal vez definitiva–; dos hijos como mis más refinados poemas; de profesión: “ninguna culminada” –cuatro comenzadas– y que, con el desempleo en el mundo, tampoco he echado en falta. Servidor asalariado en diferentes tareas y escritor frustrado que para curarse el virus de la amargura, inoculado por el “buen trato” de algún instructor que a puntapiés quiso aliviar mi “enfermedad por los diccionarios”, derivó en autodidacta practicante del ejercicio lírico.

La atenta mirada de Sarco Lange sobre "El insomnio de los verbos cansados"

sábado, julio 08, 2017

 EL INSOMNIO DE LOS VERBOS CANSADOS

Odio la poesía.

Me retracto. No es que odie la poesía, lo que odio es el lugar común que habita en la poesía, el viejo truco del lenguaje porque sí, la demoníaca repetición de estigmas ya sabidos desde siempre, quizás por eso es que también odio los prólogos y las reseñas pues se suele caer en la exaltación ordinaria de lo que se quiere, impunemente, forzar a leer. Como quien prepara un guiso, tomamos unos cuantos versos del poemario, los mezclamos con un par de consideraciones propias, le añadimos otros versos más del poeta para calentar al lector y finalmente alzamos la voz diciendo que es casi una obra maestra en donde se corre el riesgo de irse al mismísimo infierno si es que no se lee. Dicho de otro modo, tarea fácil es hacer un copy paste adicionando hermosas palabras de elegante sobajeo para quedar bien con el escritor, o la escritora, y así todos felices. Bonito, no?. Pues no. El día que lea un prólogo, o una reseña, que diga que el libro en cuestión, o el poemario, es una mierda, que es malo, aburrido, lento, en fin, cuando me tope con un prólogo así de franco creo que voy a leer ese libro con un asco de miel y la tortura orgásmica de un buen placer.
Por eso tiendo a hacerle el quite a las reseñas, porque para aplaudir me basta con escribirle una carta al autor y decirle lo que pienso de su obra, pero me nace la cruenta necesidad de sembrar unas palabras para este maldito poemario llamado El Insomnio de los Verbos Cansados, de la poeta Marian Raméntol Serratosa.
No recurriré a la ovación gratuita en donde navega, respira y naufraga la poeta Marian, ni me quemaré las manos llenando de flores lo mismo que a ultranzas reniego, no citaré poemas (y me duele), no transcribiré versos alucinantes de su poemario (y me duele), no haré una pirotecnia de sus ideas e ideales (y me duele). Sólo seré el luto imparcial de alguien que leyó detenidamente este tornado de palabras y que se fue de bruces al final de cada poema, porque vale la pena aclarar que la segunda maestría de un poeta es la de cerrar un poema, y la dama te da una puta clase sobre aquello, de esas donde quedas con la boca abierta y un agujero en cada anciano que se te murió en los brazos.
He tenido la suerte de leer toda la obra de esta poeta catalana, tengo sus libros en mi biblioteca (excepto el penúltimo que se perdió camino a Chile y espero me lo envíe de nuevo), decía que he leído toda la obra publicada de Marian y me atrevo a decir, haciéndome cargo de cada sílaba por mí escupida, que El Insomnio de los Verbos Cansados es el libro más lúgubre, gótico y ancestral de esta iracunda y mágica poeta. Es un libro de la muerte cuando le da por resucitar. Es un libro donde las polillas son ángeles. Un libro que anticipa lo que ya sucedió y que no fue bueno. Un libro de odio hacia el mar que le arrebató la mitad de la vida. Un libro que aborrece y ama las maternidades del mundo entero. Un libro teñido de rojo. Un libro mayor.
Me detengo en algo que para mí es de suma importancia. En la actualidad es muy fácil ser poeta, o visto de otra forma, en esta época es muy fácil escribir poemas por la sencilla razón que cuando algo se masifica ese algo acaba por infectar el ambiente y los que cogen el virus se animan, encienden los ordenadores, escriben y escriben y escriben pero no se mueren en el intento, y he ahí el escándalo, lo huérfano que te dejó el intento, el disparo que le faltó a la masacre. Gracias a la proliferación de las redes sociales se ha incurrido en un grave efecto dominó, y ese efecto dominó no tiene otro nombre que "plagio". Cuántas Pizarnik hay en Facebook, cuántos Paneros en Instagram, cuántos Zuritas abundan en los blogs. Da espanto. También es justo decir que han aparecido voces nuevas que refrescaron con sagrada e hidalga prepotencia este arte que, al igual que la música clásica del siglo 18, parecía haberse detenido en el tiempo, y se agradece desde lo más hondo que así sea. Han aparecido poetas salvajes que vale el esfuerzo entrar en sus mundos. Es un poco como la política, siempre los mismos de siempre, hasta que llega sangre nueva que, o destruye todo o lo encauza por un viaje hacia el verde fulgor de lo que nos termina por sanar. Hay quienes dicen que hay que tener ojo, que hay que andarse con cuidado, que detrás de esos poetas que sólo han visto la muerte desde lejos viene en camino una horda de escritores sin redes sociales ni muros llenos de jeroglíficos, seres total y completamente anónimos. Y que vienen con los dientes afilados. Con hambre.
Pero como en toda revuelta, por utópica que sea, están los poetas que te dejaron la vara alta, los imprescindibles. Los que saben. 
Si la poesía fuera una cátedra más en la escolaridad de este siglo yo, honestamente, les daría como lectura obligatoria la poesía de Marian Raméntol, porque en ella no sólo hay poesía de la mejor cepa y el mejor ángulo, sino una riqueza de lenguaje pocas veces vista en la poesía contemporánea. Y también hay magia. Pocos poemas pueden ser al mismo tiempo un poema y un blues, y aquí necesito indulgentemente retractarme de lo dicho al principio respecto a no citar poemas de este libro, pero soy un torpe Judas de mí mismo así que lo haré sin culpa ni arrepentimiento: amigo, amiga, lee el poema que lleva por título "déjame flotando por la huida una vez más". Es un maldito y jodido blues cantado por negros hediondos a tabaco y ron y que ponen los ojos de aguacero al tiempo que lo va escribiendo Marian con la inocencia de quien asesina por primera vez en su vida, y según dicen los médicos forenses, quien asesina por primera vez ya le es más fácil matar de nuevo. Aquí te matan mientras la poeta se va muriendo en su propio infierno, porque el sacrificio que hay detrás de escribir un poemario de esta factura es grande, enorme, es fuerte, difícil, cómo crees tú que queda la autora una vez puesto el punto final?....crees que queda feliz?.....en paz?.....piensas que sale corriendo por las calles gritando "terminé mi poemario!!!!?". No amigo, no amiga.
Después de un libro así sólo queda el llanto previo al funeral.
Queda la amable agonía de la escritora frente a lo escrito. Y eso te puedo decir que duele. Y mucho. Te puede costar hasta la vida.
Duele que la primera mitad de este insomnio de verbos cansados sea una balacera de plomo que te acribilla sin piedad, casi como una burla si es que tuviste un buen día, ella viene despacio y te la raja, te lo pone difícil, te está hablando de la muerte, pero no como palabra manoseada, no, te lo está diciendo en primera persona y no es para ti, es para ella, la sangrante, porque si no lo dice también se daña. De ahí la eucaristía y la excomunión en el oficio del poeta.
Quien no conozca a Marian podría pensar en una poeta oscura, una discípula de los panteones, una araña flotando en el vaso de leche o un barco fantasma hiriendo aquel mar que ella tanto odia, pero no, Marian es una mujer mágica, sísmica y sin límites, puro color y pura luz, un alma encarnada en los brotes de árboles tiernos que cobijan con sus ramas el sol inmisericorde que azota las calles en verano. 
Marian Raméntol es una poeta que se ha ganado el respeto de sus lectores desde hace años, los mismos que ella anota en su cabeza y los va desmenuzando sin piedad, pero con inigualable solvencia en poemarios primordiales como esta joya santa y pagana que fue bautizada como El Insomnio de los Verbos cansados.

Sarco Lange.
Sarco Lange. Duende extraño. Artista de dedos de alambre, tan precisos, tan quirúrgicos que hacen cortes perfectos en el universo.
Pasar por su obra es inventar una tarde distinta a las otras tardes, una mansión tardecina con otros instrumentos, una casa castillo, una pasión por las cosas primordiales, es adentrarnos en una tarde en que hasta los gatos parecen destinados a otros espacios y el nogal se eleva en otros aires, y ese mismo aire parece flotar sobre otras gravedades.

Sarco Lange significa estar y no estar, dejar que la vida pase por el carril vuelto glaucoma en la mirada escéptica del querer vivir , y entre todo este escenario y entre todas estas extrañas flores, aparecer sobre el pánico, dormitando, volver la vista sobre esa ranura color verde que son sus ojos (“ojo” es una visión con indumentaria de artista callejero de mimo, dicho con sus propias palabras) de cadáver ambulante, y correr a todo gas por las calles infectadas de Santiago de Chile, para luego partir como una exhalación a vomitar lombrices de una belleza extrema.

Nueva reseña de "El insomnio de los Verbos cansados" por Marlene Denis

¿Qué decir del verbo de Marian Raméntol?

Toda su vida es un poema exquisito, grandilocuente y comprometido con sus vísceras amables.
Tres lecturas he hecho de su último trabajo, buscando en los poemas algo que no me gustase, hojarasca, alguna melodía desentonada… ¡y qué va! Como siempre me sucede cuando la leo, salgo estremecida… ¡estremecida y satisfecha!

Desde que la conozco, -han pasado tres años-, Marian Raméntol siempre ha sabido dónde colocar la palabra necesaria, dónde el suspiro y dónde la agonía. Maneja el verso con la misma soltura que la cotidianidad, aunque se remonte al pasado, aunque lluevan criaturas incendiarias sobre su corazón místico y su cabeza repleta de bondades.
El insomnio de los verbos cansados no es más que el transcurso del tiempo implacable que, en cierta medida, permanece sobrio y estático en los aconteceres de una herida abierta que se resiste a los embates del mar. Toda su poesía es un oleaje continuo que reviste de algas y caracolas el recuerdo de la madre ausente: “Mis rompientes vigilan el funeral azul/por si tu blanda huella me responde…”
“No hay nombres para desconocerte/más allá del límite de la voz/que arroja por las nubes/la valentía de tus venas…” La madre es todos los nombres, inclusive detrás del horizonte donde la vida trasciende cualquier peldaño hacia la eternidad.

Poesía y poeta se complementan, azulísimos, sin otra distinción que la prominencia de un verbo justo y enrocado con el origen de la vida: “todo tu nombre es un preámbulo”.

Desmesurado amor y ausencia se manifiestan en esta elegantísima metáfora de las nieblas: “despiden la noche desde la empuñadura del beso”… Y luego hay que tomar aire, hay que meditar y tomar partido cuando nos enfrentamos a: “He visto mi esquela en la prensa”. Aquí la autora de El insomnio de los verbos cansados ha llegado al punto culminante de su hastío, coronado con una indiscutible madurez que no cesa en su búsqueda.
Marian Raméntol sigue allí, entre horizontes, y también aquí, reescribiendo la longitud que logre beberse el pigmento de la locura, arropada con unas magníficas ilustraciones a cargo de Cesc Fortuny Fabré y con prólogo brillante de Valentín Martín.

A mi humilde modo de ver, este es un libro que merece la consideración de las casas editoriales y ser distribuido en todas las librerías. La poesía que él refleja es el extenso mar transitado a pie, con el corazón que se nos enquista, y es un enquistamiento que el buen lector agradece.

                  Marlene Denis
Delegada Regional UNEE, Cataluña


Marlene Denis, 1954, La Habana, Cuba - Barcelona, España
Profesora . Asesora de Talleres Literarios. Correctora de estilo

ALGUNOS PREMIOS 
La Mujer en Revolución, 1984, La Habana, Cuba. José de la Luz y Caballero: 1985-1989, La Habana, Cuba. Internacional Varadero: 1988, Varadero, Cuba. Juan Francisco Manzano: 1990, La Habana, Cuba. Abdala: 1994, La Habana, Cuba. Estrella Errante: 1996, Austria. Hermanando Continentes: 2013, Centro Cultural Latinoamericano. 
BIBLIOGRAFÍA 
Antología “Letras Cubanas” 1995, Cuba. Antología: “Xicóal”, 1996, Austria. Revista Perfil, “Ediciones Extramuros”, 1988-89-90, La Habana, Cuba. 
Revista Literaria “Aguamarina”, 2002-03, Vizcaya, España. Antología “Cálida Esperanza”, 2008, Madrid, España. Poesías “Lincoln-Martí”, 2008, Miami, USA. Antología Poética “Con otra voz”, Latin Heritage Foundation, 2011, USA-Reino Unido. Revista Cultural F’Art, 2010, Barcelona, España. Antología de narrativa “Amigos para siempre”, 2011, Ed. Hipálage, España. Antología de poesía: “De versos encendidos”, 2011, Ed. Hipálage, España.  Antología “Mil poemas a Neruda”, 2011, Isla Negra, Chile. Antología “Mil poemas a Vallejo”, 2012, Isla negra, Chile. Antología: “Mil poemas a M. Hernández”,2012, Isla Negra, Chile. Antología “Yo soy mujer”, (Mujeres Poetas Internacional) 2013, Rep. Dominicana. Antología “Los 200 poemas” (Homenaje a Federico G. Lorca) Ed. Art Gerüst, 2013, España. Antología “Festivalului International Noptile de Poezia de la Curtea de Arges”, 2014. 
PUBLICACIONES 
Cuentario “Trilogía”: Online Editorial Digital, 2011, Panamá, Studio Productions. Poemario “Donde termina la distancia”: Online Studio Productions, Ed. Digital, 2011. “Más allá de la palabra”, Editorial Pasión por los libros, 2011, España. "Al filo de la fe", (co-autora), Editorial Casa Eolo, 2011, España. “Bajo el cielo del exilio”, Editorial Seleer, 2012, España. “A pesar de la sequía”, Editorial Art Gerüst, 2013, España 
NOVELAS INÉDITAS 
Orgía Roja Castrofobia 

Patricia Severín: “Sandor Marai tiene personajes femeninos increíbles” Entrevistada por Rolando Revagliatti

martes, julio 25, 2017

Patricia Severín: “Sandor Marai tiene personajes femeninos increíbles” Entrevistada por Rolando Revagliatti

Patricia Severín nació el 10 de agosto de 1955, en la ciudad de Rafaela, provincia de Santa Fe, Argentina, y reside en Santa Fe, capital de la provincia. Es Profesora de Castellano, Literatura y Latín, egresada del Instituto Ángel Cárcano de la localidad de Reconquista, y ha obtenido un postgrado en Sicología Gestáltica en la Asociación Gestáltica de Buenos Aires. Participó en simposios nacionales y de Paraguay, Chile y Perú con trabajos de ensayo y crítica literaria. Poemas y narrativa breve de su autoría han sido incorporados a numerosas antologías de su país y del extranjero. Publicó los volúmenes de cuentos “Las líneas de la mano” (Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores 1998) y “Sólo un amor”(Premio Único Publicación ASDE 1999); la novela “:salir de cacería” (2013); los poemarios “La loca de ausencia” (Faja de Honor de la SADE 1992), “Amor en mano y cien hombres volando” (en colaboración con Adriana Díaz Crosta y Graciela Geller), “Poemas con bichos” (Premio Fondo Nacional de las Artes 2001 y Premio Municipalidad de Buenos Aires por obra édita, bienio 2002-2003; dos ediciones), “Libro de las certezas” (Mención Especial del Jurado Premio Macedonio Fernández 2008), “El universo de la mentira” y “Abuela y la niña”. Entre otros, recibió el Primer Premio en cuento en el Concurso Nacional Alicia Moreau de Justo, el Primer Premio en cuento “Las Tierras Planas”, Premio Publicación Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Santa Fe. 

1 — Agosto del ‘55…

          PS — Nací en el mes que comienza con la caña con ruda y termina con la tormenta de Santa Rosa; mes frío y ventoso, aquí en Santa Fe, y sobre todo en el campo. El año fue el de la revolución que se dijo “libertadora”. Quizá estos sucesos marcaron mi vida; tanto alboroto dio como resultado que mis días siempre fueran dispersos: campo ciudad, ciudad campo, de aquí para allá enlazando escritura, trabajo, casas, viajes, amigas de las buenas, tres hijas mujeres, un varón, y una constancia a toda prueba haciendo de éste, mi pedacito de mundo, el paraíso que siempre anhelé.

          Escribo todo y a pesar de todo, desde mis lugares ocultos, desde la furia y el abismo, la garra y el desamparo. Me gusta conjurar palabras y usar las del amor (las que mejor me suenan), pero también invoco a las perversas, las gastadas, las superfluas, las bastardas. A lo largo del camino aprendí a callar y evito que me roce el miedo. Vivo y viví siempre en la llanura, con calor, río y distancia. Girando en mi provincia entre campo monte mosquitos y ciudades. Y por mucho tiempo, mi trabajo, fue el de productora agropecuaria: cría de ganado en el noroeste de la provincia.


2 — Rafaela. Pormenoricemos sobre las dispersiones de aquella y de esta Patricia, siempre residiendo en su provincia.

          PS — Nací en Rafaela, ciudad gringa, colonia de piamonteses. Me fui de ella a los dieciocho a estudiar a la capital de la provincia, pero en vez de estudiar me casé y tuve cuatro hijos. Mi padre murió no bien yo me fui a estudiar, y creo que una rebeldía me tomó por dentro e hizo que cambiara el rumbo casándome tan joven. A los pocos años murió mi hermana y otra vez se modificó mi camino: me fui a vivir a Reconquista, cerca de mi madre. Después vino la separación, a los veintiocho, quedarme con mis cuatro hijos, todos chiquitos, trabajar en el campo (Huanqueros) y paralelamente estudiar Letras. Es por ello que el ir y venir siempre fue una constante. Comencé a escribir desde niña pero recién en ese momento —después de la separación y con la carrera de Letras— me sistematicé. Por ese entonces (1983), María Angélica Scotti y su marido, Walter Operto, vivían en Reconquista, en ese exilio interior en el cual migraron algunas familias en el tiempo de la dictadura. Con ella me inicié en los talleres literarios y, junto a la carrera de Letras, me ordené en las lecturas. Nunca más deje de escribir. Y algunos premios importantes, como el de Alicia Moreau de Justo, me confirmaron definitivamente el rumbo de mi destino.

          Desde hace casi diez años vivo en Santa Fe capital. Como soy reincidente, volví a casarme y rearmé mi vida en este lugar. Amo deambular y por ello, con mi marido, compramos una casita en las sierras para seguir yendo y viniendo.


3 — Editorial Palabrava, por un lado, y Lectobus Alas de Papel, por otro, te tienen desde hace unos años “al frente”.

          PS — Editorial PALABRAVA surge ante la necesidad de modificar los términos autor-editor-distribución-libreros. Junto a Alicia Barberis y Graciela Prieto Rey, una calurosa siesta del enero santafesino, nos juntamos a delinear un proyecto diferente. Nos dimos cuenta de que lo que queríamos para nosotras (derechos de autor justos, por ejemplo, y visibilizar nuestros libros) lo podíamos extender hacia los demás escritores y escritoras de la provincia. Hablamos con diario “El Litoral”, empresas, organismos e instituciones, y así nació el primer proyecto de narrativa que distribuimos con el diario: “Las cuatro estaciones de la palabra”, a muy bajo costo para que todos pudiesen adquirirlos. Allí publicamos nuestros libros y también los de Enrique Butti, Carlos Morán, Sara Zapata, Alfredo Di Bernardo y Ángel Balzarino. Paralelamente editamos una colección de poesía, “Anamnesis”, dos libros infantiles en una colección que se llama PALABRUJULA, y coeditamos otros con la Universidad Nacional del Litoral. Este año comenzamos un nuevo proyecto: DOS RÍOS, en una salida anual de dos libros juntos; una autora de amplia y reconocida trayectoria, Angélica Gorodischer, de la ciudad de Rosario, y un autor novel, Jerónimo Rubino, de la ciudad de Rafaela. Además, en “Anamnesis”, publicaremos —ampliando nuestro proyecto— a Olga Zamboni, de la provincia de Misiones y a Lucía Carmona de la provincia de La Rioja. Estos libros, trabajados con fotografías, que se entrelazan con los poemas, son la vedette de la editorial.

          El Proyecto del “Lectobus” viene de la mano de Alicia Barberis y consiste en llevar la lectura a barrios vulnerables y pequeños pueblos de la provincia. La idea es ofrecer a los niños, a través de la lectura, un mundo más amplio y —a su vez— dejar personas capacitadas que faciliten, desde su lugar, la pasión por leer. Si queremos una sociedad lectora tenemos que comenzar despertando el amor por los libros en los chicos.

4 — ¿Cómo fue “escribir junto a” otras dos poetas ese volumen con firme resonancia refranera? ¿Se trata de poemas compuestos por las tres?

           PS — ¿“Amor en mano y cien hombres volando”? Fue un proyecto extraordinario que escribimos con Graciela Geller y Adriana Díaz Crosta en épocas de cartas enviadas por correo. No había e-mail en ese entonces. Yo viajaba de tanto en tanto desde Reconquista a Santa Fe, donde me juntaba con ellas y hacíamos una especie de taller: un poema contestaba al otro o continuaba la temática o la disparaba hacia otro lugar. Fue un libro revolucionario del cual aún tengo grandes satisfacciones. Mis dos amigas fallecieron en distintos años en dos 25 que no se pueden olvidar: 25 de mayo y 25 de diciembre. Eran dos poetas que marcaron rumbo. Con Graciela publicamos luego las obras completas de Adriana, y el año que viene sacaremos en “Anamnesis” el libro inédito que quedó de Graciela.

          Te cuento una anécdota: hace un tiempo, por face, me conectó un dramaturgo de la provincia de Entre Ríos —al que no conozco— pidiéndome un ejemplar. Le contesto que ese libro está agotado, pero ante su insistencia le fotocopio el mío, se lo envío por correo y le pido que me cuente para qué lo necesita con tanta urgencia. Me narra lo siguiente: tiene un sueño en el cual aparece en las marquesinas de la muy porteña calle Corrientes, una obra suya titulada “Amor en mano y cien hombres volando”, escritas claramente sobre un gran cartel. Como él no tiene ninguna obra así llamada ni jamás escuchó ese título, cuando se despierta googlea para ver qué encuentra en Internet y le sale mi nombre y el del libro. ¡Qué maravilla!, ¿no es cierto?


5 — Si bien carezco de certeza, no puedo menos que suponer que María Victoria López Severín, artista plástica, con quien compartís un Sitio, es hija tuya. ¿Puedo pedirte unas líneas sobre ella?... ¿Tenés otros hijos u otros familiares vinculados a un quehacer artístico?

          PS — Mi hija María Victoria, que aún vive en Reconquista, es una artista plástica con un talento único y exquisito. En este momento esta abocada a lo social a través de la creación de cooperativas textiles. Pero el arte no la abandona, por suerte. Mi padre fue pintor y ella heredó esta capacidad, que parece se transmite de abuelos a nietos. Mi hija menor, María Virginia, es bailarina y ejerce su profesión en el Ballet Nacional de Danza Contemporánea en Buenos Aires. Mi otra hija, Soledad, es Doctora en Biología, vive en Santa Fe, a unas cuadras de mi casa. De ella tengo dos nietos: Alfonsina y Nicanor, que por supuesto, son mi debilidad. Leandro está en la construcción. Todo muy variado pero haciendo cada uno lo que le gusta. Siempre los impulsé a que trabajaran por sus sueños. Creo que es el único modo de realizarse en la vida y de ser feliz. De la misma manera que yo soy feliz escribiendo. El bienestar interior va por delante de lo económico. Es decir, cuando una persona hace lo que quiere en la vida y desenvuelve sus sueños, lo otro viene solo.

           El arte llega por el lado de mi padre, de mi madre viene el trabajo en el campo, al que nunca quise que quedaran “pegados” mis hijos por obligación o mandato. Trabajar en el campo es hermoso (sobre todo porque es independiente y al aire libre, contrarrestando el encierro de la escritura) pero sólo si se elige como tal. Es tremendo quedar prisionero de una herencia o de un mandato.


6 — ¿Qué hacía tu padre?

          PS — Estudió arquitectura pero su pasión fue la astronomía. Él me guió en las primeras lecturas de filósofos y de arte en general. Tuvo que encargarse del campo que le dejó su padre, para sostener a nuestra familia, a su madre viuda y a su hermana. Tanta obligación acabó con su vida a los 47 años. Terminé una novela, que me llevó años de escritura, “La Tigra” (el título es el nombre de una estancia), que es también un pequeño homenaje a este hombre innovador, fuera del tiempo que le tocó vivir, que se pasaba las noches observando las estrellas desde el observatorio astronómico que construyó en la terraza de su casa paterna. Se iba en los inviernos a Campo del Cielo —provincia del Chaco— a investigar junto al Dr. William Cassidy —astrónomo de la NASA que viajaba cada año desde los Estados Unidos—, a buscar el Mesón de Fierro. De hecho fueron ellos los que encontraron las mayores piezas del meteorito. El más grande se denominó “El Chaco” y pesa  37 toneladas; es la segunda de mayor masa que se conoce en el mundo


7 — ¿Y tu madre?

          PS — Mi madre aún reside en Reconquista. Tiene 87 años, y creo que va a vivir muchos más, gracias a Dios, pues viene de una familia sana y longeva. Fue docente y la geografía era lo que amaba enseñar. Este fue un gran punto de encuentro con mi padre. Cuando él no estuvo y ella se jubiló, comenzó a ocuparse del campo. Papá armaba avioncitos de madera balsa con mis hermanos varones, y en el largo patio de nuestra casa de Rafaela, probaba diferentes fórmulas, para el despegue de réplicas de cohetes que lanzaban desde allí. Mamá aprobaba sus investigaciones, y todos los años se iban con mi padre a distintos encuentros de geografía en diversas ciudades del país.


8 — En una entrevista que te realizara María del Pilar Lencina (1937-2011) declaraste: “Hablar de la mujer, ‘desde la mujer’, es muy distinto —creo— que lo que vinieron haciendo los hombres en el correr de la historia de la literatura.” ¿Qué autores (varones) lograron hablar mejor, según tu sentir, “más desde la mujer”?

          PS — Prefiero nombrarte autoras: Flannery O’Connor, Carson MacCullers, Alice Munro, Dorothy Parker, Herta Muller, Virginia Wolf, por supuesto, Mercé Reboreda, Doris Lessing, y la gran Irène Némirovsky, que me hace venir a la mente a Sandor Marai, que tiene personajes femeninos increíbles en “La mujer justa” o en “La herencia de Eszter”; también “Ana Karenina”, del magistral Tolstoi. Luego está lo contrario: Marguerite Yourcenar delineando el personaje masculino en su “Memorias de Adriano”, por ejemplo.

          Los escritores y escritoras tenemos la suerte de vivir muchas vidas y distintos sexos. Pero eso no quita que podamos sentirnos más cómodos en unos que en otros. Yo me siento muy bien en la piel de las mujeres, indagando en su corazón, en sus emociones y en sus cabezas, y también relatando sus historias entremezcladas con las mías.


9 — María del Pilar Lencina ha sido una poeta con la que durante años he mantenido correspondencia postal, cuando dirigía sus Hojas de Poesía “Hermano Luminoso”. No nos hemos conocido personalmente. ¿Cómo la recordás vos, Patricia?

          PS — Con muchísimo cariño. María —como le decíamos en el norte— era un personaje de la ciudad. Escribía en un bar tradicional de Reconquista, “Cheroga”, que era una prolongación de su casa; allí te hacía las entrevistas, te citaba, conversaba de poesía y sufría por Boca Juniors. Fue una poeta exquisita; trabajó con ahínco por la pasión de su vida, la poesía, en esas hojas, “Hermano Luminoso”, que hicieron historia en el país y en el extranjero.


10 — En otra entrevista —para la revista literaria electrónica “Remolinos” de Perú— afirmaste que provenías de la línea de autores más viscerales y/o intimistas que intelectuales.

          PS — Yo elijo autores/as que me conmuevan. Puedo admirar lo intelectual pero lo que no me conmueve no deja huella en mí. Entre el grandioso Borges, por ejemplo, y Cortázar, me quedo con Cortázar o con Jamaica Kinkard o con Selva Almada o Julián López.


11 — En su momento, aseveraste que después de tu deslumbramiento ante “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera, había cambiado tu concepción de la literatura. ¿Cómo cambió entonces? ¿Volvió a cambiar después?

          PS — Absolutamente. Ese libro abrió mi mundo literario. El impacto de estar leyendo una ficción, que además te dice que es tal, y al mismo tiempo logra hacerte vibrar de la mano de pasiones y mentiras, aventuras y desventuras de personajes que sentís reales, fue una conmoción. Esta concepción de la escritura se fue mezclando luego con otra vertiente que viene de la narrativa de Carson MacCullers. Ella dice que todo lo que escribió es algo “que le pasó, le pasa o le pasará”. Yo creo lo mismo. Convertir tu vida y la de los que te rodean en tu materia prima, en tu mezcla preferida para levar lo literario, ya sea poesía o narrativa, es mi modo de encarar la escritura.


12 — Tenés un libro que no darás a conocer: “La voz bajo la falda” (consta en la Red). Capciosamente pregunto: ¿qué tenés —o retenés— teniendo un libro que no darás a conocer?

          PS — Se me fue la obsesión, como dice mi amiga, la escritora Marta Nos. Y sin obsesión no hay libro. Aunque está escrito se desactualizó para mí. Y si se desactualizó ya no tengo la necesidad de editarlo. Del mismo modo, aunque un libro mío se haya publicado, si siento que debo modificar algo para una edición posterior, lo hago. Por ejemplo, reescribir un cuento. La obra es del autor (autora), quien tiene todos los derechos sobre la misma. Esto me lo enseñó hace muchos años Mempo Giardinelli, y me pareció una postura válida, correcta.
13 — El también rafaelino narrador y poeta Hugo Borgna en un análisis de tu obra literaria encomilla de “:salir de cacería” lo que ahora reproduzco: “todo lo que se pudre se convierte en familia”. Tremendo. ¿Qué obras artísticas te han estremecido?

           PS — Esta frase que comentás me estremeció en lo más profundo y me mostró otro costado del concepto de familia; es del poeta Fabián Casas. Y ahora que la traés a colación me doy cuenta de que casi toda la idea de la novela “:salir de cacería”, gira alrededor de ese tremendo enunciado… que en realidad no es mi creencia, pero sí es el comportamiento y la creencia de muchos de los personajes de la novela.

           Me estremecieron —en literatura— por ejemplo: “Tres luces” de Claire Keegan; muchos de los cuentos de Alice Munro, sobre todo de su libro “Demasiada felicidad”; “Middlesex” de Jeffrey Eugenides; “Todo cuanto amé” de Siri Hustvedt; “La historia del amor” de Nicole Krauss; los libros de Némirovsky; los de Laura Alcoba; “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” de Murakami; algunos de la brasileña Clarice Lispector; los de Irma Verolín tanto en narrativa como en poesía…; es larga la lista, podría seguir dos páginas más. En poesía te nombro a Joaquín Giannuzzi, a Laura Yasan, algunos libros de Santiago Sylvester, Gelman y Boccanera, los de Marossa Di Giorgio y Fernando Pessoa… y también los de Orlando Van Bredam. De hecho, todos estos libros y los que —por cuestión de espacio no te nombré— están en el lugar de privilegio de mi biblioteca.

           Me estremecen también las pinturas de mi hija María Victoria; las esculturas de Camille Claudel y de Lola Mora, los cuadros de Frida Khalo.
             

14 — “Helada negra” se titula un libro tuyo de cuentos que pronto aparecerá a través de Ediciones UNL.

          PS — Tendrá diez cuentos. Justamente el título del mismo, que como verás es ambiguo, pues puede interpretarse como “helada negra” o “el hada negra” —depende de la manera en que lo nombres—, lleva en sí mismo la carga emocional que porta cada uno de los cuentos. Hay dolor por la muerte. La muerte de una prima, de una hija, un padre, una hermana, una mano, de la amistad, del amor, de la confianza, la pérdida y el reencuentro de la identidad, de los bienes, y también la herida que años atrás se le hizo a nuestra Patria con tantas otras muertes. Es un libro de pérdidas aunque también creo que puede vislumbrarse en alguno de ellos un nuevo nacimiento, una esperanza, después de tanto dolor.


15 — Además de la novela “La Tigra”, ¿tenés otros libros inéditos?

          PS — Tengo un libro de poemas que se denomina “Muda” —otro título ambiguo si se quiere, pues se refiere a la falta del habla o quedarte sin habla, y a su vez al cambio, a la mudanza de las cosas y de las personas—. El libro es muy duro al inicio y luego se va convirtiendo en algo más luminoso, en su travesía hacia el final.

          Estoy terminando una novela breve, “Dos abuelas” y otro poemario que como título provisorio lleva “Difícil decir que no”. Ah… y también estoy escribiendo un libro de Qhabala, cuyos conceptos los vierte mi profesora Beatriz Ulrich, y cuyo fin es que este Conocimiento pueda ser comprendido y aprehendido por todo el que lo desee; que ya no sea hermético ni para un grupúsculo de escogidos.


16 — Roberto Fernández Retamar se pregunta en una carta-poema: “¿Qué le ocurre al novelista cuyos personajes, de pronto reales, se ponen a vivir por su cuenta?” ¿Qué te ocurre, Patricia, cuando algún personaje se pone a vivir por su cuenta?

          PS —Te sorprende. Te sorprende muchísimo… y se los deja crecer. No queda otra. Y luego estás maravillada por el rumbo que han tomado. Esas criaturas se inventaron sus vidas ellas mismas. Y más tarde viene lo contrario, los personajes que sobran en la historia, que no encajan en ningún lado, que no van a ninguna parte y tenés que sacrificar. Es muy triste, te lo aseguro. Es penoso. Me resisto… pero al final lo hago: elijo la historia. Esos mueren y es difícil enterrarlos. Hago lo que sea para que sobrevivan. En “La Tigra” por ejemplo, muchos personajes tuvieron que quedar de lado… pero irán a cuentos. Es más, ya están en cuentos que aún no he juntado para un volumen. Pero, y va otro ejemplo, tengo una novela que transcurre en Uruguay —escrita a medias— y no sé que haré con ella y su gente… y me resisto a perderlos de vista.


17 — ¿Qué relación existe entre obra y experiencia poética? ¿Son inseparables?

          PS — Para mi son inseparables. Absolutamente. Porque emocionalmente no tengo manera de separar las dos.


18 — ¿Influyó en algo tu trabajo de productora agropecuaria?

          PS — Muchísimo. Los climas de mis obras —en general— están traspasados por la naturaleza, por los animales, los árboles, el silencio, la lluvia, el campo. Y a veces me pasa algo que no es del todo grato. Leyendo novelas de autoras —en este caso argentinas—, veo que colocan cosas incorrectas —sobre lo que se hace o pasa en el campo—, y esto me saca de la historia y me cuesta volver a ella. En la que termino de leer, la autora nombra en simultáneo al trigo, el girasol y la soja, como sembrados que pueden ir a la par. Esto no es así. El trigo se siembra en invierno y cuando se lo recoge se siembra la soja y puede sembrarse también girasol. Dice también que con la brisa la soja oscilaba…; el trigo, quizá… y cuando larga la espiga y oscila, es muy bello de ver. Pero nunca vi oscilar la soja.

          En otra novela, un auto viejo se descompone y es tirado con una soga, mientras sus ocupantes se trasladan a la camioneta que los auxilia. ¿Cómo va a ser guiado el auto descompuesto sin nadie al volante y arrastrado por una soga?  Hay cosas que para el que trabajó en el campo son obvias. Abelardo Castillo, por ejemplo, tiene cuentos magistrales que suceden en el campo, y escribe con una precisión y un rigor tal, que parece que ha vivido allí.

         Sé que no es fácil para alguien de la ciudad entender cómo funcionan algunas cosas en el campo. Pero ahora con Internet la información está al alcance de todos.


19 — ¿Cómo te resuenan las palabras “tributo”, “endeblez”, “hipocondría”, “retahila”, “atrabiliario”, “bolonqui”, “disperso”?
 

          PS — Tributo: homenaje ganado, bien merecido; endeblez: falta de voluntad para vivir; hipocondría: lo que no tengo; retahila: madre pesada que no termina nunca de quejarse ante sus hijos; atrabiliario: si es sinónimo de mal carácter, esa no soy yo; bolonqui: lo que hay en mi escritorio aunque siempre me diga lo contrario; disperso: muchos de mis días.


20 — Según he leído, Haruki Murakami habría opinado que escribir una novela es un reto y escribir cuentos, un placer; que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. ¿De qué otro modo expresarías que escribir una novela es…, y escribir cuentos es…?

          PS — Escribir una novela —para mí— es meterse en un universo que no sabés cómo se va a construir, ni qué resultado tendrás con él. No definiría a un cuento como una escritura de placer pues a veces se hace muy doloroso escribirlos, y otras veces dan muchísimo trabajo para que queden como una quiere dejarlos. En cambio en una novela si hay algo no tan exacto no se nota en el conjunto: es como un río con afluentes, no siempre baja limpio. El cuento es una isla o un lago, si queremos seguir con la comparación del agua, y no debe tener meandros ni costas desprolijas: delinearlo pensando en lo perfecto y acabado, aunque a veces no nos salga tan así.

 
21 — ¿Qué —que puedas y quieras contar— te enorgullece? Y, ¿qué —que puedas y quieras contar— no te enorgullece?
 

          PS — Me enorgullecen mis hijas, haberlas criado con los valores que las crié. Lo que hice con y de mi vida, corrigiendo los errores a medida que avanzo en el camino. Me enorgullece el esfuerzo que puse —y pongo— en la pasión y la responsabilidad de la literatura, y en que cada obra no se repita y pueda tener su propia voz. Las amigas que tengo y el empeño en construir la amistad. Mi nuevo matrimonio y el viraje que di en la concepción de la pareja. Me enorgullece la persona que he llegado a ser a partir del desafío de mi búsqueda interior.

          No me enorgullece la disputa entre hermanos, las pequeñeces o miserias que a veces me descubro pensando, cómo malgasto el tiempo de tanto en tanto. Tampoco me enorgullece criticar o pensar mal de la gente (cosa que trato de enmendar) o algún brote de ira o malhumor, resabios que limpio de inmediato no bien los diviso.


22 — ¿A qué escritores fallecidos —de todos los tiempos— te hubiera gustado conocer en persona?

          PS — A Manuel Mujica Laínez, exquisito diseñador de tramas e historias. Poder quedarme mirando junto a  él, desde “El Paraíso”, su casa de Cruz Chica en la provincia de Córdoba, el paisaje maravilloso de las sierras. Ahora que yo también tengo mi propio paraíso, voy caminando por esas callecitas cerca de donde Manucho pasó gran parte de su vida, y me pregunto por sus escritos —no valorizados aún como corresponde—,  su extravagante existencia, sus pasiones, su amor por la belleza. A Clarice Lispector…: conversar de su mundo literario intangible, esotérico y magnífico; a  Cortázar, por supuesto, para charlar sobre Cronopios y  Famas, y sobre su visión del mundo que deja entrever misterios, vidas paralelas, yuxtaposición de tiempos y personajes; a Irène Némirovsky para decirle cuánta admiración tengo por su obra y por su valentía, y protegerla de los asesinos, que primero la entregaron y luego la mataron a los 39 años, en un campo de concentración. Es increíble que haya escrito semejante obra con tan poca edad.

Patricia Severín selecciona poemas de su autoría para acompañar esta entrevista:


De “Poemas con bichos”:


/Hoy me fui de todos y de todo
 de mí
 de Dios
 tan jodida me fui
 resbalando por mi cuerpo
 haciendo equilibrio       con la sombra de las uñas


 Hoy me fui sin cantar    —yo nunca supe—
 guiñando un ojo a la vergüenza


 desnuda sobre la helada       me fui/



 /quisiera ser un bicho más/ no este animal doméstico/


*
III-con víboras

Tengo encerrada una serpiente en un frasco verde
En realidad el frasco es transparente
la serpiente es verde

No es una serpiente
                                      dice mi hija
es una culebra enorme y larga
destrozada por un perro

Soledad   colecciona     culebras,    serpientes,    víboras
Reptiles

En fin
:mira la belleza donde pocos la ven

Se ha vuelto sabia

Puede raspar escamas
para separar
                      lo que parece
                                              de lo que es


III-con víboras

También yo mudo de piel
de invierno a verano

el que me conoce
no me conoce
y dice que quiere a la otra
la que empuñaba su lengua bífida
en vez de abrazar el silencio


busca a la que no soy

la que vendrá ya esta en mí

*

De “El universo de la mentira”:


ANTICIPO

                     
Todos estaban allí
hurgando dentro de mi boca
respuestas
que no podía darles

Se empeñaban en clavar astillas

Ni vestigios de la que fui
ni presencia de la que soy
un sopor de uva
en el cuenco de la frente

Todos estaban allí
hurgaban
yo quería decirles que lo único mío
eran las esses
las esses de mi nombre que colgaban de mí

Pero no iba a conformarlos

                            Entonces discurrí la manera de partir
dejar la multitud
ya no lloraba
sólo miraba el mundo
como una crema
                                 espesa                    
                                                 negra                  


 *
                           SALDO


                la malparida                     la hermosa
                                se ha sacado los ojos
             para                    quedar allí       definitivamente

   en la casa vacía                     la pequeñita
   que separa el estante    los libros      la cocina
   la pelusa     el polvo      su llavero     el celular
   la tierna desolación que ocultaba tras la nuca
         
            la ocupada                       la desolada
   la maltrecha                     la despenada
                      la desvirgada                      la majestuosa
    la deshojada                        la tenebrosa
                      la malhablada
    la conchuda                          la soñada
                       la ceñuda


hunde las venas       en el vacío       de la gillette        de la casa

*
De “Muda” (inéditos):        

Perspectivas

No tengo un lugar elevado
por donde mirar
a ras del suelo
es difícil ver el mundo
hay hollín por todas partes
la virtud se escurre en la boca de tormenta
Pido sangre para el que está sepultado
:trepo al tapial /gano altura
máscaras móviles no entran en esta cavidad
pasan lentas
como un tren de otoño
como una tos que se expulsa en otro lado
Me juego el todo por el todo
y me elevo un poco más
Hago pulpa de esquirlas con las manos
un líquido negro me emborracha
Tiro anzuelos para cazar pirañas
para no pensar

No hay nada que mirar
desde aquí arriba
que no vea desde abajo

*

Rock


Charly se arrojó desde lo alto a la piscina
y esta bruma no disipa
quizá algo de locura venga bien
algo
no esta barbarie 
que serpentea por el piso
reguero de pólvora
se incrusta en las paredes
dejando boquetes más grandes que una colt
(Nadie se da cuenta
cómo tiemblo
sordomuda encerrada en el altillo
el cuerpo no responde
traqueteo / carromato
que devora hasta la lengua)
¿Vamos a cruzar el charco en barquito de papel?
Siempre nos pasa lo mismo
No veo el cielo en llamaradas
sólo ceniza que se arrastra
babosa rociada con sal
Hay un éxodo dispuesto a dispararse
dame un rock
un rock cargado
Charly
para no escuchar

*

Entrevista realizada a través del correo electrónico: en las ciudades de Santa Fe y Buenos Aires, distantes entre sí unos 467 kilómetros, Patricia Severín y Rolando Revagliatti.

http://www.revagliatti.com/ultinf_severin_full.htm  

lanzamiento de La heredera y los usurpadores, de Juan Aguayo.

lunes, julio 17, 2017

En septiembre, ponemos a la venta un relato entre la novela histórica y la de piratas

La heredera y los usurpadores
 

Juan Aguayo
ISBN: 978-84-946483-3-5
326 páginas
22’95 €
 


La heredera y los usurpadores es una novela histórica sobre un fenómeno absolutamente desconocido: la fiebre por el cultivo del cacao en el Caribe, causada por una repentina alza de sus precios en México. Como tal, es un retrato minucioso de Caracas y de sus costas, cuando todavía era conocida como Santiago de León, allá por el s. XVII. Un mundo de una violencia incesante, avivada no sólo por la  súbita expansión del cultivo de los cacaotales, que convulsionaría, con traiciones y disputas sangrientas, la convivencia de los encomenderos españoles, sino por las feroces incursiones de los corsarios holandeses, aposentados en Curazao.

Por tanto, La heredera y los usurpadores también puede leerse como una novela de piratas, e incluso como un relato sobre las crueldades que desata la codicia humana, en un mundo que había sido un paraíso hasta la llegada del europeo.  

Juan Aguayo
Es el pseudónimo del historiador Juan Ganteaume Aguayo, que nació en Madrid, en 1958. En la actualidad es el Director del Grupo de Información y Docu-mentación de la Antigua Caracas (GIDAC), y hasta editar esta novela, La heredera y los usurpadores, sobre los conflictos entre encomenderos, ocasio-nados por la expansión del cultivo del cacao en Venezuela, había publicado estudios y ensayos referentes al mismo periodo, como Chuao antes de la Obra Pía, 1567-1672 y La Jornada de Caracas, 1567-1568: Cronología e historia crítica, ambos en 2006, o Valle de Paya, desde el s. XVI al XX, en 2013. En estos momentos, está ultimando la edición de La Caracas de los conquistadores, 1567-1641, un extenso ensayo sobre los albores de Caracas, como homenaje a los cuatrocientos cincuenta años de la fundación de Santiago de León de Caracas (hoy, sencillamente Caracas), época de una importancia capital en la presente novela.

"Creatividad o domesticación" próximamente...

Nuevo libro de Jorge Colombo, próximamente disponible.


Una piedra en el ojo del alma' de Celio Torrejón

Frutero. Una piedra en el ojo del alma | Descarga gratuita

Enlaza a la descarga gratuita en formato PDF de la primera novela de Celio Torrejón Frutero.Una piedra en el ojo del alma. 

Link: www.mediafire.com/file/3h7q6hkb7g0w3pk/Frutero+Una+piedra+en+el+ojo+del+alma.pdf


Primera parte 'Frutero' | Fragmento 

No preguntes. Imagino que me equivoqué. Lo acepto. Todo ha sido culpa mía. ¿Pero qué iba a hacer si no? Pasó por delante de mí y tuve que hacerlo. Sentí miedo y en ese momento no lo pensé y me pareció buena idea. ¿Cómo iba a predecir yo las consecuencias de todo esto? No. No lo sabía. Lo hice porque pasó sonriendo y no tuvo en cuenta que esa sonrisa la ataba a mí de algún modo. Ella tampoco pensó en las consecuencias de sus acciones. No quiero decir ahora que la culpa no sea exclusivamente mía (acepto el cien por cien de la responsabilidad) solo que si hubiera tenido en cuenta algunas cosas… Ven. Hazlo de una vez. Entra. Se adelantó bastante, así que tuve que avanzar más deprisa que ella para poder alcanzarla... ¡casi se me escapa! Ahora ya no está. Sigue entre nosotros, pero no del mismo modo. Está bien. Sí, me he equivocado, pero ya vale, ¿no? Quizás le di demasiada importancia. Hay algo en mi cabeza. El recuerdo es muy vago: el sol de las diez y media de la mañana de un día de primavera. Era marzo seguro. Pasó por delante del banco donde yo estaba sentado. No sé si la vi pasar (a lo mejor fue un sueño), lo pensé, no demasiado, si no, no lo hubiera hecho. No. No estoy loco, pero a veces me cuesta ordenar la cabeza. Creo que me levanté del banco cuando ella dobló la esquina. No tengas miedo. No has hecho nada malo. Vuelve con nosotras. Te esperamos. Hay fuego en nuestros corazones. Deja de hablar y ven. Ven. Ven. Ven. De pronto me vi de espaldas persiguiéndola. Pensé decir: “espera”. Pensé en realidad en no decirlo pero ella me leyó la mente y antes de que materializara en mi cabeza la posibilidad de que no lo dijera, supo que yo quería haber dicho “Leonor, espera”. Por eso se giró y me vio. De no haberlo hecho nunca me hubiera atrevido. No habría pasado nada. Que conste. En realidad no hice nada malo, pero se alejó de mí. Cállate ya y entra de una vez. Nos estamos convirtiendo en agua. Si ella no hubiera pasado delante de mí sonriéndome, yo todavía estaría sentado en el banco. No la estaba esperando a ella. Yo no estaba sentado casualmente esperando verla pasar.  

EL INSOMNIO DE LOS VERBOS CANSADOS, por Juan José Romero M-E. (Terly)

EL INSOMNIO DE LOS VERBOS CANSADOS
De Marian Raméntol Serratosa


Como aquel que se queda extasiado frente a la pintura de Picasso o Salvador Dalí, frente a sus trazos y colorido, frente al misterio que roza como con pluma de ave las zonas más sensibles de nuestra alma, así me he sentido yo tras la lectura de  “EL INSOMNIO DE LOS VERBOS CANSADOS”  última obra poética de Marian Raméntol Serratosa, poeta barcelonesa a la que admiro y tuve el honor de conocer hace ya algunos años cuando un grupo de inquietos poetas, en un bar de copas y con la ilusión de hacernos eco de nuestras composiciones poéticas, fundamos el “Grupo ZeroArt de Poesía de Barcelona” Ella nos acompañaba y, aun sin ser consciente de ello, dirigía una invisible batuta de una incipiente orquesta.

Y he puesto de ejemplo estos dos pintores porque al contemplar sus obras, cada observador puede interpretarlas de maneras muy diferentes sin que por ello deban ser consideradas unas, más acertada que las otras.
De Marian, entiendo que su poesía es un sueño revestido de palabras que no tienen por qué ser interpretadas por distintos lectores con el mismo significado. Yo he disfrutado con la lectura de su obra seguramente de distinta manera que cualquier otro lector y podría aventurarme a decir que incluso que la propia autora al componer sus versos y ello hace que la interpretación un tanto surrealista que yo haya podido darle, para mí, haya sido la más acertada de todas ellas.

Podría hacer mención de algunos de sus poemas y de las interpretaciones que yo haya podido darle, pero prefiero que el lector goce de su libertad y vuele con sus propias alas.
Tan solo voy a hacer mención de dos versos en los que Marian nos hace ver claramente que la mentira en el poeta es una de sus realidades y así de tangible lo ve  y nos lo cuenta:

“Un poema no suele decir la verdad de nadie,
tan solo hinca sus dedos en el charco…”


La poeta, refugiada en su dolor, goza, se recrea, disfruta de él para mostrárnoslo como algo hermoso y éste es  el cimiento sobre el que edifica toda su obra y su verdad poética.

¿Qué por qué recomiendo la lectura de este poemario? Pues sencillamente porque en estos tiempos de tanta e insoportable materialidad, Marian Raméntol Serratosa nos hace soñar sin tratar de dirigir ninguno de nuestros sueños.

Juan José Romero M-E.
(Terly)


Juan José Romero Montesino-Espartero- España
Nació en Cáceres en el año 1941. Allí estudió Bachillerato y pasó toda su niñez y parte de su juventud. Ya con 19 años y tras haber realizado algunos estudios de contabilidad, se trasladó a Madrid para ejercer como contable en una pequeña empresa, trabajo que alternó con la ampliación de sus estudios contables y financieros. En el año 1970, ya casado y esperando el nacimiento de la primera de sus dos hijas, se trasladó a Sant Cugat del Vallés (Barcelona) para ejercer como director financiero de una empresa alemana en la que terminó siendo su Director Gerente.
Sus versos siempre fueron los números y sus estrofas, los balances. Aunque aficionado a la lectura poética, (tanto su padre como su madre fueron poetas de cierto reconocimiento) jamás escribió nada que no fuera para su propio consumo, (leer y romper) Fue a sus 67 años cuando al verse jubilado y sin preocupaciones de trabajo e hijos que sacar adelante, se embarcó en la apertura de un blog con el fin de ir publicando en él algunos poemas de sus padres, pero, hete aquí que, entre poema y poema, decidió escribir algunos versos para consumo de su propio blog.
Ha participado en los, hasta ahora, cuatro Encuentros de poesía en Red, donde ha hecho buenos amigos. También ha leído algunos de sus escritos en Radio Unión Cataluña, Radio Sabadell y Radio Rubí. Forma parte como cofundador de los grupos poéticos “ZeroArt de Poesía” de Barcelona y “BdT” (Banco del tiempo) de Sant Cugat del Valles, asistiendo prácticamente a todas sus tertulias. Ha publicado el libro de poemas "Notas de una Lira deshojada".

Ama de casa de Laura Rodríguez Sayd, reseñada por Beatriz Pérez Sánchez

Ama de casa
Autora: Laura Rodríguez Sayd
Ilustraciones: Estefanía García Gómez
Ediciones En Huida
Año: 2017

Ama de casa, el primer libro de poemas de Laura Rodríguez Sayd por Beatriz Pérez.

Cuando la sencillez en la emoción y la palabra se unen, el resultado es bueno, pero si además ilustras tus poemas con imágenes delicadas tu obra se transforma en algo extraordinario.
Rodríguez Sayd expresa su maternidad y sus dificultades como madre y mujer sin miramientos. Si su universo simbólico está repleto de esas imágenes y su vida inundada por esa faceta tan dura de conciliar ¿Para qué mentir?


“… En el cajón de los calcetines huérfanos
junto al libro de verdad que no sucede
cantando las canciones que no cantas conmigo
con un cansancio de universo… “


Su voz es femenina y cotidiana. Te acerca a lo más real con tostadas, galletas, estropajos, medias, ácaros y cafés, mientras te hace volar con sueños, cuerpos azules, peces, soles o nubes viajeras.  Sus poemas, algunos muy cortos, son una combinación muy limpia que muestran el cansancio, la angustia y el sopor de  la vida de la mejor manera posible. Sus mensajes se alejan de la tristeza porque Ama de casa está escrito sin la fuerza del rencor, sin agresividad y con mucha calma. Y para ello las delicadas ilustraciones de Estefanía García existen al lado de sus versos como prueba complementaria.

No faltan dosis de ironía acerca del amor  y la maternidad.  El siguiente poema es una muestra de ello:

LA CULPA ES MÍA por soñar en inglés,
por haberme dejado llevar,
por jugar a lo grande

En un viaje imaginado a Las Vegas
aposté lo más valioso de mi vida
Y gané
-claro-
Así me convertí en la perfecta ama de casa
(en guardiana de mi hogar)

Más me valía haber deseado en castizo
y dejar para otros el sueño americano


Lo infantil y su entorno están presentes como hilo conductor, pero no es un libro de cuentos, aunque te conecte con el lado más entrañable de esa época, incluidas las abuelas, las madres y las tatarabuelas.  La poeta nos muestra la dureza de una decisión con sus contrastes sin rencor, sin odio, pero con cierta añoranza de otro tiempo que fue y ya no está.

SOY UNA MUJER EXTRAORDINARÍA

mitad mujer
y mitad mujer



Laura Rodríguez Sayd depura sus versos hasta el extremo exquisito de permitirnos conectar con nuestro lado más ingenuo y dulce. Ama de casa es un libro de poemas de imprescindible lectura que te reconcilia con tu historia sentimental infantil, adulta, como madre, mujer y padre.

BIOGRAFÍA de la autora

Laura Rodríguez Sayd, Madrid (1977), es licenciada en Historia del Arte y Educadora Infantil. Madre desde 2011. Le gusta reinventarse aunque siempre acude a la poesía. Ama de casa es su primer libro de poesía. 





Beatriz Pérez Sánchez (Barcelona, 1974). Crea y participa en muestras y festivales con artistas, performers y bailarines  diversos explorando las relaciones entre la palabra, la improvisación y el movimiento. Licenciada en Pedagogía y Diplomada en Educación Social por la Universidad de Barcelona. Formada en técnicas de expresión y movimiento ha compuesto las creaciones en solitario La vida de Diana (2003), Imagen y cuerpo en la ciudad (2008) y conjuntamente con Romain Chat De perfiles y Numb (2016) y Taxidermia (2017) con Aarón Comino.  Ha sido miembro del grupo poético Laie de Barcelona. Ha publicado los poemarios De perfiles, vértices, planetas, cuerpos, árboles y escenarios y Numb, la espera sostenida (2016). Colaboradora de las revistas Poesía Digital, La Nausea2000, Letralia, Groenlandia, Triadae Magazine y Revista de Educación Social (RES), entre otras.

EL INSOMNIO DE LOS VERBOS CANSADOS. UNA APROXIMACIÓN FUGAZ, por Jesús Ávila Zapién

martes, julio 11, 2017

EL INSOMNIO DE LOS VERBOS CANSADOS. UNA APROXIMACIÓN FUGAZ.

Por: Jesús Ávila Zapién.


He tenido ese placer de los amigos -y adeptos verdaderos, a degustar de la poesía de Marian Raméntol, desde aquellas incursiones por algún prestigioso foro de poesía en la red. El deslumbramiento de sus portentosos trazos ya hechizaba con finura las estrofas agitadas por versos subversivos, y Marian ya era Marian. Con sus artilugios palpitantes de impensada belleza, extraídos con tesón desde su transgresora originalidad hecha poesía.

Percibamos algo del bagaje de El insomnio de los versos cansados, su reciente poemario dedicado a la memoria de su madre (“Ese ser que ya siempre será de agua”). El poema temático que preludia (y da unidad al libro) es a un tiempo refracción y espejo que se vuelve una necesidad orgánica, para exonerar los juegos de la infancia de su tránsito al olvido, silepsis de una sensible pluma que trastoca lo íntimo, lo inevitable, valiéndose del desvencijado “recuento” omnipresente de “unos ojos de felpa”:

Un cuerpo de trapo
puede regalar centímetros de amor,
puede aprender de las cigarras
y acompañar a la tarde en su mudez,
puede mirar por los pespuntes…

Antes que la imagen se haga trizas, multiplicándose, al colapsar con el perpetuo sueño:

puede mirarnos dos veces y adelgazar la tristeza,
meterse en la cama y abrazar nuestros desembarcos,
aterrizar sobre silencios permitidos
que amoratan y pudren cualquier proporción.  


Muralla y ruta al escozor pueril. Alquimia que sutura en antítesis la daga, desde la punción aséptica que exime un ruego:

Una muñeca con el pelo de luna,
puede venir hoy a perdonarme.

 (EN UN CAPÍTULO DE TERNURA CLANDESTINA. De: El insomnio de los verbos cansados, 2017).


La poesía de Marian, desde sus inicios (“Hay un área de descanso un poco más abajo de mi vientre”; y “Duología poética”), es una poesía sagaz, inteligente, que desanda lo andado para erigir su peculiaridad, orquestada tanto en un plano conceptual como concreto de la subjetividad sensible; coexistencia inarmónica que, paradójicamente, hace del inequilibrio el eje de tensión semántica que la resuelve con sobrada pericia, en virtud de su propio vuelco de penetración poética.  Pruebo lo que afirmo con este caleidoscopio verbal, tomado al azar de su poesía inicial; órbita y despliegue de una poetisa con una formación cultural densa y polifacética que le habla con sorprendentes imágenes al intelecto y a la sensibilidad más exigente:


"siniestras oficinas donde la luz solar es sólo un dato amarillo".

"en su nuevo papel de geishas,
tratan de vendernos su ácida entrepierna".

"con un saxofonista en paro que sólo sabe amar
bajo lunas de alcanfor.

Poco importa, o quizá nada,
mientras nos queden veinte dedos entrelazados
a punto de ser dinamita".

"Nunca entendí a los hombres que parecen amar
bajo los efectos de una feroz anestesia".


"Las farolas vomitan una nueva tragedia en las calles…"

"El noticiero de lo irreal dará cuenta entre titulares
de lo sexy que pasa la muerte cuando nos roza la cara".


"Mi almohada ya no recorre kilómetros
ni amanece con aliento a insecticida.
-ya no quedan arcángeles a los que proponer el suicidio-"

"Silencio,
la ternura de acariciar al cansancio también tiene sus derechos".

"y mi corazón disfrutó de pensión completa
mucho antes de alcanzar la tercera edad…"

"Juegas a construir rascacielos en la punta de la lengua,
donde se echan a dormir las geografías
que no existen en los mapas de las manos".

"Hoy el silencio ha puesto a todo volumen
el ritmo cardíaco de la ausencia.
Ha cambiado de ropa interior a los acentos
y no contento con eso,
se ha afeitado las arterias con loción de interrogante".

"aunque sabías que la abertura de tu boca
no tenía el tamaño apropiado
para que volvieras a pronunciar la palabra Amor".

"Ahora mi corazón ha entendido tu mensaje
¿Pero has entendido tú
que mi alma tiene la misma longitud
que las palabras que no caben en tu boca?"

Constatación de una sintaxis personal y cotidiana, venida de todo eso que sabe ser tan exquisitamente bien Marian Raméntol.


REFERENCIAS:

(EN UN CAPÍTULO DE TERNURA CLANDESTINA. De: El insomnio de los verbos cansados, 2017. Marian Raméntol. Editorial: La Náusea Ediciones. Colección E-book).

(Duología poética, 2010. Marian Raméntol Serratosa. Ediciones Atenas. Barcelona, España; y, Hay un área de descanso, un poco más abajo de mi vientre, 2010. Ediciones Atenas. Barcelona, España.)



Jesús Ávila Zapién, nació en Sahuayo, Michoacán en 1964. Biólogo, Maestro en Ciencias de la Educación, narrador, poeta y compositor. Sus inquietudes literarias las ha encauzado a través de cursos y talleres en ciudades de México como Jiquilpan, Zamora y Morelia, Michoacán. Ha colaborado en las columnas semanales de los periódicos: Provincia, Tribuna y Vox Pópuli; en las revistas: Esquina, y Expresión Tecnológica, del Instituto Tecnológico de Jiquilpan. Fue premiado con mención honorífica en el certamen de poesía de los Juegos Florales Villamar, 2004. Ha publicado el libro de narrativa La vida imita al arte (CONACULTA, 2013). Poemas suyos aparecen en el libro Follaje de palabras (1996) y en la antología Vitrales de poesía Sahuayense (2014).


El Último "Desorden Internacional" - XeRoots En Acústico


ESTEM CASI BÉ (jornada comiat nauestruchi!)

sábado, 22 de julio de 17:00 a 20:00
L'Estruch Fàbrica de Creació
c/ Sant Isidre, 140, 08208 Sabadell
 
Es julio y en Sabadell el termómetro marca 2 grados más que en Barcelona, los poros lo son más que nunca y es difícil actuar a una velocidad óptima. Suena a excusa pero, y porqué no actuar desde ese lugar todo el año? Quién nos obliga a tener y pensar desde un cuerpo al 100%?

Las diferentes propuestas aluden a esa merma de plenitud, a ese uso frágil y político de la carne y su potencia reflexiva. La cosa va de: el cuerpo en deterioro, el cuerpo condicionado por prótesis, el cuerpo fuera de lugar, el cuerpo fuera del mundo, el cuerpo un día de "no puedo más con mi cuerpo"... cuerpos otros.

Pues eso, que "ESTAMOS CASI BIEN" que es mejor que estar bien o muy bien, y nos hace mejores artistas y personas.

Sudemos juntxs! Venid al resfresco!

17h David Martínez Suárez (objetos y danza)
18h Amaia Molinet (charla)
19h Claudia Rebeca Lorenzo (videos y lecturas)
+
Irma Marco (mural)
Laura García (fanzines y muebles)
 

Omar Crosa hace incursión en "El insominio de los verbos cansados"

lunes, julio 10, 2017

EL SUEÑO DE LOS VERBOS FORTALECIDOS

¿En un capítulo de ternura clandestina puedes tú tocar el grito?
Aterrizar sobre silencios permitidos a este lado del mar, a fruncir el césped, a limar el legado de la noche abultada y chorreante sobre un tiempo abultado y repleto de fluidos, antes de que todo acabe, antes de que no seas más…, con el dolor de la tragedia saliéndote del cuerpo con el que inventas la luz: el mejor accidente de cuantos podamos imaginar: un libro que como prisma inmejorable la descompone en todos sus matices disminuyendo su velocidad, desviando su trayectoria y formando ángulos adecuados según la interfase que personifica cada lector, es siempre un escándalo prematuro  para seres incapaces de asumir, de paso, el zumo de la herida y algunas pesadillas de esparto por trenzar. Un poema no suele decir la verdad de nadie; un verdadero poema suele contener todas las conformidades que todos y cada uno de sus lectores forman en la mente; por eso invito a quienes sueñan con el éxtasis de contemplar la belleza y disfrutar lo sublime, para que En un capítulo de ternura clandestina puedan tocar el grito  y vivan, el sueño de los verbos fortalecidos, de la manera singular que cada uno pueda; yo acá plasmo el mío concibiendo las palabras de Marian Raméntol Serratosa en la andorga subrogada de mi mente.

    En el centro de todas mis cenizas
    la muerte se sienta a cenar
    infectada de crepúsculos y mece mi cobardía:
    nada es suficiente y todo es excesivo.
    Sin otros ojos que los de la muerte
    otea las cacerías de léxicos asustados, los sigue
    más allá de la latitud del miedo.
    No acabo de entender la mirada de esta tarde,
    inerte sobre julio, lacia, húmeda
    o cualquier otra nadería;
    déjame flotando por la huida una vez más…
    en un capítulo de ternura clandestina
    la noche volverá a ser amable en su hemorragia.
    Otro perro entre un montón de perros
    se me cuela en las entrañas,
    vomita la sombra adoptada por mis venas y
    esa boca tan delgada que aún sujeta tu sonrisa
    repta por este cielo amarrado al sol.
    Bajo el frío de la tierra
    o cualquier otro rincón, provincia, o país
    se gestan los nacimientos que sangran los desagües;
    con la leche de iceberg y los besos de cianuro
    abolidos por el tiempo que te hizo verdad ilesa,
    no habrá acordes bastantes para ser de carne…
    si no fuera por el chamanismo de tus ojos,
    al otro lado de la noche,
    dejando la voz satisfecha en el silencio
    o en la saliva del cerebro
    sobre un paisaje hervido sobre una tarde inédita. 




Soy el aprendiz de poeta Omar Crosa. “Nacido en un lugar de Colombia de cuyo nombre no quiero acordarme” (del que fui desplazado –en brazos de mi madre y con escasos meses de nacido–, por hechos de intolerancia y violencia), en una fecha que “numerológicamente” me vincula, de manera inevitable, con “La Marca de la Bestia” –aunque no sé si reír o llorar por ello, puesto que según Ap. 13:18: “Aquí hay sabiduría: El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis” –.
Catecúmeno criado, en Jericó, Antioquia, y pervertido en sus institutos; exiliado voluntario en Medellín persiguiendo otros horizontes, hoy mi lugar de residencia –tal vez definitiva–; dos hijos como mis más refinados poemas; de profesión: “ninguna culminada” –cuatro comenzadas– y que, con el desempleo en el mundo, tampoco he echado en falta. Servidor asalariado en diferentes tareas y escritor frustrado que para curarse el virus de la amargura, inoculado por el “buen trato” de algún instructor que a puntapiés quiso aliviar mi “enfermedad por los diccionarios”, derivó en autodidacta practicante del ejercicio lírico.

La atenta mirada de Sarco Lange sobre "El insomnio de los verbos cansados"

sábado, julio 08, 2017

 EL INSOMNIO DE LOS VERBOS CANSADOS

Odio la poesía.

Me retracto. No es que odie la poesía, lo que odio es el lugar común que habita en la poesía, el viejo truco del lenguaje porque sí, la demoníaca repetición de estigmas ya sabidos desde siempre, quizás por eso es que también odio los prólogos y las reseñas pues se suele caer en la exaltación ordinaria de lo que se quiere, impunemente, forzar a leer. Como quien prepara un guiso, tomamos unos cuantos versos del poemario, los mezclamos con un par de consideraciones propias, le añadimos otros versos más del poeta para calentar al lector y finalmente alzamos la voz diciendo que es casi una obra maestra en donde se corre el riesgo de irse al mismísimo infierno si es que no se lee. Dicho de otro modo, tarea fácil es hacer un copy paste adicionando hermosas palabras de elegante sobajeo para quedar bien con el escritor, o la escritora, y así todos felices. Bonito, no?. Pues no. El día que lea un prólogo, o una reseña, que diga que el libro en cuestión, o el poemario, es una mierda, que es malo, aburrido, lento, en fin, cuando me tope con un prólogo así de franco creo que voy a leer ese libro con un asco de miel y la tortura orgásmica de un buen placer.
Por eso tiendo a hacerle el quite a las reseñas, porque para aplaudir me basta con escribirle una carta al autor y decirle lo que pienso de su obra, pero me nace la cruenta necesidad de sembrar unas palabras para este maldito poemario llamado El Insomnio de los Verbos Cansados, de la poeta Marian Raméntol Serratosa.
No recurriré a la ovación gratuita en donde navega, respira y naufraga la poeta Marian, ni me quemaré las manos llenando de flores lo mismo que a ultranzas reniego, no citaré poemas (y me duele), no transcribiré versos alucinantes de su poemario (y me duele), no haré una pirotecnia de sus ideas e ideales (y me duele). Sólo seré el luto imparcial de alguien que leyó detenidamente este tornado de palabras y que se fue de bruces al final de cada poema, porque vale la pena aclarar que la segunda maestría de un poeta es la de cerrar un poema, y la dama te da una puta clase sobre aquello, de esas donde quedas con la boca abierta y un agujero en cada anciano que se te murió en los brazos.
He tenido la suerte de leer toda la obra de esta poeta catalana, tengo sus libros en mi biblioteca (excepto el penúltimo que se perdió camino a Chile y espero me lo envíe de nuevo), decía que he leído toda la obra publicada de Marian y me atrevo a decir, haciéndome cargo de cada sílaba por mí escupida, que El Insomnio de los Verbos Cansados es el libro más lúgubre, gótico y ancestral de esta iracunda y mágica poeta. Es un libro de la muerte cuando le da por resucitar. Es un libro donde las polillas son ángeles. Un libro que anticipa lo que ya sucedió y que no fue bueno. Un libro de odio hacia el mar que le arrebató la mitad de la vida. Un libro que aborrece y ama las maternidades del mundo entero. Un libro teñido de rojo. Un libro mayor.
Me detengo en algo que para mí es de suma importancia. En la actualidad es muy fácil ser poeta, o visto de otra forma, en esta época es muy fácil escribir poemas por la sencilla razón que cuando algo se masifica ese algo acaba por infectar el ambiente y los que cogen el virus se animan, encienden los ordenadores, escriben y escriben y escriben pero no se mueren en el intento, y he ahí el escándalo, lo huérfano que te dejó el intento, el disparo que le faltó a la masacre. Gracias a la proliferación de las redes sociales se ha incurrido en un grave efecto dominó, y ese efecto dominó no tiene otro nombre que "plagio". Cuántas Pizarnik hay en Facebook, cuántos Paneros en Instagram, cuántos Zuritas abundan en los blogs. Da espanto. También es justo decir que han aparecido voces nuevas que refrescaron con sagrada e hidalga prepotencia este arte que, al igual que la música clásica del siglo 18, parecía haberse detenido en el tiempo, y se agradece desde lo más hondo que así sea. Han aparecido poetas salvajes que vale el esfuerzo entrar en sus mundos. Es un poco como la política, siempre los mismos de siempre, hasta que llega sangre nueva que, o destruye todo o lo encauza por un viaje hacia el verde fulgor de lo que nos termina por sanar. Hay quienes dicen que hay que tener ojo, que hay que andarse con cuidado, que detrás de esos poetas que sólo han visto la muerte desde lejos viene en camino una horda de escritores sin redes sociales ni muros llenos de jeroglíficos, seres total y completamente anónimos. Y que vienen con los dientes afilados. Con hambre.
Pero como en toda revuelta, por utópica que sea, están los poetas que te dejaron la vara alta, los imprescindibles. Los que saben. 
Si la poesía fuera una cátedra más en la escolaridad de este siglo yo, honestamente, les daría como lectura obligatoria la poesía de Marian Raméntol, porque en ella no sólo hay poesía de la mejor cepa y el mejor ángulo, sino una riqueza de lenguaje pocas veces vista en la poesía contemporánea. Y también hay magia. Pocos poemas pueden ser al mismo tiempo un poema y un blues, y aquí necesito indulgentemente retractarme de lo dicho al principio respecto a no citar poemas de este libro, pero soy un torpe Judas de mí mismo así que lo haré sin culpa ni arrepentimiento: amigo, amiga, lee el poema que lleva por título "déjame flotando por la huida una vez más". Es un maldito y jodido blues cantado por negros hediondos a tabaco y ron y que ponen los ojos de aguacero al tiempo que lo va escribiendo Marian con la inocencia de quien asesina por primera vez en su vida, y según dicen los médicos forenses, quien asesina por primera vez ya le es más fácil matar de nuevo. Aquí te matan mientras la poeta se va muriendo en su propio infierno, porque el sacrificio que hay detrás de escribir un poemario de esta factura es grande, enorme, es fuerte, difícil, cómo crees tú que queda la autora una vez puesto el punto final?....crees que queda feliz?.....en paz?.....piensas que sale corriendo por las calles gritando "terminé mi poemario!!!!?". No amigo, no amiga.
Después de un libro así sólo queda el llanto previo al funeral.
Queda la amable agonía de la escritora frente a lo escrito. Y eso te puedo decir que duele. Y mucho. Te puede costar hasta la vida.
Duele que la primera mitad de este insomnio de verbos cansados sea una balacera de plomo que te acribilla sin piedad, casi como una burla si es que tuviste un buen día, ella viene despacio y te la raja, te lo pone difícil, te está hablando de la muerte, pero no como palabra manoseada, no, te lo está diciendo en primera persona y no es para ti, es para ella, la sangrante, porque si no lo dice también se daña. De ahí la eucaristía y la excomunión en el oficio del poeta.
Quien no conozca a Marian podría pensar en una poeta oscura, una discípula de los panteones, una araña flotando en el vaso de leche o un barco fantasma hiriendo aquel mar que ella tanto odia, pero no, Marian es una mujer mágica, sísmica y sin límites, puro color y pura luz, un alma encarnada en los brotes de árboles tiernos que cobijan con sus ramas el sol inmisericorde que azota las calles en verano. 
Marian Raméntol es una poeta que se ha ganado el respeto de sus lectores desde hace años, los mismos que ella anota en su cabeza y los va desmenuzando sin piedad, pero con inigualable solvencia en poemarios primordiales como esta joya santa y pagana que fue bautizada como El Insomnio de los Verbos cansados.

Sarco Lange.
Sarco Lange. Duende extraño. Artista de dedos de alambre, tan precisos, tan quirúrgicos que hacen cortes perfectos en el universo.
Pasar por su obra es inventar una tarde distinta a las otras tardes, una mansión tardecina con otros instrumentos, una casa castillo, una pasión por las cosas primordiales, es adentrarnos en una tarde en que hasta los gatos parecen destinados a otros espacios y el nogal se eleva en otros aires, y ese mismo aire parece flotar sobre otras gravedades.

Sarco Lange significa estar y no estar, dejar que la vida pase por el carril vuelto glaucoma en la mirada escéptica del querer vivir , y entre todo este escenario y entre todas estas extrañas flores, aparecer sobre el pánico, dormitando, volver la vista sobre esa ranura color verde que son sus ojos (“ojo” es una visión con indumentaria de artista callejero de mimo, dicho con sus propias palabras) de cadáver ambulante, y correr a todo gas por las calles infectadas de Santiago de Chile, para luego partir como una exhalación a vomitar lombrices de una belleza extrema.

Nueva reseña de "El insomnio de los Verbos cansados" por Marlene Denis

¿Qué decir del verbo de Marian Raméntol?

Toda su vida es un poema exquisito, grandilocuente y comprometido con sus vísceras amables.
Tres lecturas he hecho de su último trabajo, buscando en los poemas algo que no me gustase, hojarasca, alguna melodía desentonada… ¡y qué va! Como siempre me sucede cuando la leo, salgo estremecida… ¡estremecida y satisfecha!

Desde que la conozco, -han pasado tres años-, Marian Raméntol siempre ha sabido dónde colocar la palabra necesaria, dónde el suspiro y dónde la agonía. Maneja el verso con la misma soltura que la cotidianidad, aunque se remonte al pasado, aunque lluevan criaturas incendiarias sobre su corazón místico y su cabeza repleta de bondades.
El insomnio de los verbos cansados no es más que el transcurso del tiempo implacable que, en cierta medida, permanece sobrio y estático en los aconteceres de una herida abierta que se resiste a los embates del mar. Toda su poesía es un oleaje continuo que reviste de algas y caracolas el recuerdo de la madre ausente: “Mis rompientes vigilan el funeral azul/por si tu blanda huella me responde…”
“No hay nombres para desconocerte/más allá del límite de la voz/que arroja por las nubes/la valentía de tus venas…” La madre es todos los nombres, inclusive detrás del horizonte donde la vida trasciende cualquier peldaño hacia la eternidad.

Poesía y poeta se complementan, azulísimos, sin otra distinción que la prominencia de un verbo justo y enrocado con el origen de la vida: “todo tu nombre es un preámbulo”.

Desmesurado amor y ausencia se manifiestan en esta elegantísima metáfora de las nieblas: “despiden la noche desde la empuñadura del beso”… Y luego hay que tomar aire, hay que meditar y tomar partido cuando nos enfrentamos a: “He visto mi esquela en la prensa”. Aquí la autora de El insomnio de los verbos cansados ha llegado al punto culminante de su hastío, coronado con una indiscutible madurez que no cesa en su búsqueda.
Marian Raméntol sigue allí, entre horizontes, y también aquí, reescribiendo la longitud que logre beberse el pigmento de la locura, arropada con unas magníficas ilustraciones a cargo de Cesc Fortuny Fabré y con prólogo brillante de Valentín Martín.

A mi humilde modo de ver, este es un libro que merece la consideración de las casas editoriales y ser distribuido en todas las librerías. La poesía que él refleja es el extenso mar transitado a pie, con el corazón que se nos enquista, y es un enquistamiento que el buen lector agradece.

                  Marlene Denis
Delegada Regional UNEE, Cataluña


Marlene Denis, 1954, La Habana, Cuba - Barcelona, España
Profesora . Asesora de Talleres Literarios. Correctora de estilo

ALGUNOS PREMIOS 
La Mujer en Revolución, 1984, La Habana, Cuba. José de la Luz y Caballero: 1985-1989, La Habana, Cuba. Internacional Varadero: 1988, Varadero, Cuba. Juan Francisco Manzano: 1990, La Habana, Cuba. Abdala: 1994, La Habana, Cuba. Estrella Errante: 1996, Austria. Hermanando Continentes: 2013, Centro Cultural Latinoamericano. 
BIBLIOGRAFÍA 
Antología “Letras Cubanas” 1995, Cuba. Antología: “Xicóal”, 1996, Austria. Revista Perfil, “Ediciones Extramuros”, 1988-89-90, La Habana, Cuba. 
Revista Literaria “Aguamarina”, 2002-03, Vizcaya, España. Antología “Cálida Esperanza”, 2008, Madrid, España. Poesías “Lincoln-Martí”, 2008, Miami, USA. Antología Poética “Con otra voz”, Latin Heritage Foundation, 2011, USA-Reino Unido. Revista Cultural F’Art, 2010, Barcelona, España. Antología de narrativa “Amigos para siempre”, 2011, Ed. Hipálage, España. Antología de poesía: “De versos encendidos”, 2011, Ed. Hipálage, España.  Antología “Mil poemas a Neruda”, 2011, Isla Negra, Chile. Antología “Mil poemas a Vallejo”, 2012, Isla negra, Chile. Antología: “Mil poemas a M. Hernández”,2012, Isla Negra, Chile. Antología “Yo soy mujer”, (Mujeres Poetas Internacional) 2013, Rep. Dominicana. Antología “Los 200 poemas” (Homenaje a Federico G. Lorca) Ed. Art Gerüst, 2013, España. Antología “Festivalului International Noptile de Poezia de la Curtea de Arges”, 2014. 
PUBLICACIONES 
Cuentario “Trilogía”: Online Editorial Digital, 2011, Panamá, Studio Productions. Poemario “Donde termina la distancia”: Online Studio Productions, Ed. Digital, 2011. “Más allá de la palabra”, Editorial Pasión por los libros, 2011, España. "Al filo de la fe", (co-autora), Editorial Casa Eolo, 2011, España. “Bajo el cielo del exilio”, Editorial Seleer, 2012, España. “A pesar de la sequía”, Editorial Art Gerüst, 2013, España 
NOVELAS INÉDITAS 
Orgía Roja Castrofobia